Primer plato

A cultivar cacomites

Esta planta de flores hermosas y bulbos comestible, es difícil de encontrar en Guadalajara. Pero se puede cultivar. Carlos Silva nos dice cómo

Jaliscocina

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Foto: Lorena Martínez

En octubre del año pasado publicamos un par de artículos sobre cómo los cacomites que antes se vendían durante las fiestas patrias o la “llevada” han desaparecido de la oferta local. Varios lectores de Jaliscocina nos han dado pistas de dónde encontrarlos y cómo cultivarlos.

Carlos Silva es un aficionado a la horticultura que cultiva desde hace cuatro años plantas bulbosas, entre ellas los cacomites (trigidia pavonia). Dice: “Sale sobrando que diga que es una flor hermosa, su forma y colores hablan por sí misma. No solamente es preocupante que no se perpetúe la tradición culinaria con base de esta planta, sino también el poco interés de nosotros como mexicanos por cultivar en nuestros patios, huertos y jardineras este tipo de plantas muy mexicanas; conocida por los nahuas como “Oceloxóchitl”.

“Me gustaría que en un futuro veamos cultivadas estas plantas en camellones y parques de Guadalajara; inclusive esta flor es el símbolo del Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara. Ojalá este tipo de artículos de interés social no muevan para rescatar lo nuestro”, añade.

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Foto: Lorena Martínez

Se pueden cultivar a partir de semillas o plantando los bulbos. Carlos Silva, quien ya lo ha hecho, nos comparte cómo. “Las semillas de la Tigridia (Oceloxóchitl, Maravilla o Cacomite) tardan un mes, o un poco más, en germinar. La tierra donde se hayan plantado las semillas debe estar muy húmeda y mantenerse así. Esta planta es difícil encontrar en viveros; de hecho, yo nunca la he visto en alguno a la venta, a veces ni la conocen. Sin embargo, sus semillas sí se consiguen en tiendas de agroquímicos, en sobrecitos con 50 semillas, pero sólo venden las de flores amarillas. Yo he conseguido las mías germinándolas de ahí, pero, también me he hecho de plantas de otros colores de flor, pidiéndole bulbos y semillas a quien tenga en sus patios y jardines. Convendría ir a los lugares donde aún vendan los cacomites asados y preguntar a los vendedores si pueden vendernos algunos bulbo frescos para plantarlos, y aguardar por descubrir qué color tendrá esa planta”.

Con el gozo de que da la experiencia de cultivar las plantas, Carlos Silva nos invita a preferir especies nativas. “Espero que esto contribuya a ver esta planta en nuestros espacios verde y a saborearla una vez más. Es irónico que, siendo una planta tan mexicana, en México no sea tan popular. Lo mismo sucede con la Dahlia, que es nuestra flor nacional, pero que los ingleses, holandeses, franceses y alemanes honran más que nosotros. Asimismo, la Dahlia también comestible, su sabor recuerda a la jícama. La llaman, a modo purépecha, charahuesca, en algunas partes de Jalisco y Michoacán. Ojalá la gente se motive a cultivar estas plantas con entusiasmo e interés, y que dejemos de poner en nuestras jardineras agapandos, margaritas, rosas o claveles para sustituirlos por plantas de nuestra flora nacional”.

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Foto: Lorena Martínez

Los cacomites fueron también origen de un dicho local. Martha Delia Romero, también lectora de Jaliscocina, nos comenta. “Recuerdo que de niños decíamos: ¿Qué comites? ¿Cacomites? ¿Por qué no me dites? Porque no vinitis”.

Otro lector de Jaliscocina, Jorge Raúl Arias de la Torre, recuerda: “Yo recogía cacomites a un costado de las vías del tren, delante de la Venta del Astillero, a la altura del viejo retén militar” y Gustavo, otra persona que leyó los artículos anteriores, nos da la buena noticia: “En el mercado de Ameca todavía se encuentran”.

En su libro, “Las cocinas de Jalisco”, Mariano Michel Velasco, hace una reseña de sus recuerdos asociados a esta bonita y menospreciada planta.

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9 Comentarios

  • Responder
    Carlos Silva
    9 agosto, 2016 en 1:04 am

    Mil gracias por este detalle. No todos los periodistas toman en cuenta las opiniones de sus lectores, felicidades y, de nuevo, gracias por tomarnos en cuenta. Es grato saber que aquí contamos con un espacio para expresarnos. Saludos.

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      9 agosto, 2016 en 10:37 am

      Al contrario, Carlos. Muchas gracias a ti. Estaba por escribirte para avisarte que ya había salido. Saludos cordiales y seguimos en contacto.

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      9 agosto, 2016 en 10:50 am

      Hola, Carlos. Ya está también en las cuentas de Facebook y Twitter el contenido sobre cómo cultivar cacomites, por si quieres verlos. En ambos casos, basta con buscar Jaliscocina. Saludos.

    • Responder
      Franck
      12 agosto, 2016 en 12:06 am

      Muchas felicidades por éste maravilloso aporte, si ya me gustaban estas plantas, ahora estoy ansioso por cultivarlas.
      Recibe un fuerte abrazo amigo Carlos Silva.
      Francisco Castrejón.

      • Responder
        Juan Carlos Núñez Bustillos
        15 agosto, 2016 en 9:33 pm

        Estimado Francisco: muchas gracias por tu comentario y gracias, nuevamente, a Carlos Silva por compartirnos su conocimiento y su pasión. Saludos cordiales.

  • Responder
    Fernando
    29 marzo, 2017 en 10:12 am

    Estimado Juan Carlos,
    ¡Acabo de descubrir Jaliscocina y estoy muy contento! Déjame comentarte que yo también probé por primera vez los cacomites en una llevada de la Virgen de Zapopan, cuando yo tenía como 12 años, es decir, hace casi 30 años. Pero en esa ocasión me los vendieron como “jahuiques”, que es uno de los nombres con los que se conoce a las plantas del género Tigridia en Jalisco y Colima. Ese nombre también está consignado en la Enciclopedia de México.
    Yo tengo tigridias en mi jardín, son muy fáciles de cultivar desde semilla y además, como son mexicanas, están habituadas a los ciclos naturales de lluvia y sequía, de modo que duermen la mayor parte del año bajo tierra (desde finales de noviembre hasta mayo en mi experiencia) y surgen con el calor y la temporada lluviosa. La floración es entre septiembre y noviembre. Después de la floración se forman cápsulas con abundantes semillas, las cuales germinan sin dificultad. Es raro que tengan plagas (a veces algunas orugas) y los únicos problemas que he tenido con ellas es que los bulbos son un festín para las aves, especialmente los zanates o ticuses. La floración es espectacular, las flores se abren en sucesión pues solamente duran un día, sus tejidos son muy delicados. Yo tenía originalmente de color naranja solamente, pero al sembrar las semillas en las siguientes generaciones obtuve alguans plantas de flor amarilla. Sigo en búsqueda de tigridias de otros colores, sé que hay rosas y blancas. Cuando viví en Alemania siempre me sorpendió que era más fácil encontrar allá bulbos de tigridia y tubérculos de dahlia que en México. Es triste que holandeses y alemanes han desarrollado muchísimas variedades ornamentales y nosotros no hemos encontrado la forma de aprovechar el potencial florístico que tenemos.
    Recibe un saludo, y una disculpa por mi publicación tan larga 🙂

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      29 marzo, 2017 en 11:29 pm

      Hola, Fernando. Muchas gracias por tu comentario. Es muy interesante lo que nos compartes. Nos gustaría publicarlo como entrada en la página. Seguramente habrá personas a las que les resulte interesante y de utilidad. ¿Qué te parece? Solamente necesitaríamos que nos des tu visto bueno y nos compartas tu nombre completo. Saludos.

  • Responder
    Leonel Serratos
    29 abril, 2017 en 3:10 pm

    Hola que tal. Mi nombre es Leonel Serratos. Quiero comentarles que hace poco cerro un restaurant que vendía unos panecitos hechos con harina de estos bulbos, eran muy ricos y el sabor era muy distintivo.

    Sé que hay varias formas de cocinarlos, desde harina para panes y en platillos mas complicados y claro, de la forma mas sencilla que es asados y cocidos.

    La persona dueña de este restaurant me comento que se los vendia un productor de Jalisco (ya que la cantidad que se requiere para preparar un kilo de harina es considerable) y que esta persona la mayoría los envía al extranjero exclusivamente para preparar harina. Claro el costo de la comida elaborada con estos tuberculos era un poco mas cara, pero valia la pena, es un placer comer platillos hechos con recetas ancestrales.

    Hay que cuidar las tradiciones.

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      2 mayo, 2017 en 2:44 pm

      Hola, Leonel. Muchas gracias por tu comentario. Es muy interesante lo que nos compartes. Qué lástima que haya cerrado este lugar. ¿Dónde quedaba el restaurante? Te agradeceremos si nos compartes la información que tengas sobre el tema. Podríamos intentar entrevistar a la dueña. Saludos cordiales.

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