Primer plato

Carne y Espíritu

Pascua con Pan y Vino

En todas las religiones, el alimento vincula a la persona con su comunidad, con la naturaleza y con la trascendencia

Rubén Alonso

 

Era la fiesta de Pascua y de los panes Ácimos, relata el evangelista Marcos (capítulo 14) en uno de los textos más antiguos sobre la víspera del momento central del cristianismo, la Muerte y Resurrección de Jesús; su Pascua, o paso de la muerte a la vida.

Para esa comida-celebración, Jesús dio una instrucción: “Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?’ El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.” (Mc. 14, 13-15).

Fueron dos celebraciones en una, que para los cristianos se convirtió en una nueva celebración, significativa y significante de su fe, centrada en “pan sin levadura” y “vino nuevo”.

Los antecedentes

Las fiestas de Pascua y de los panes Ácimos tienen origen distinto en el medio oriente, integrándose en una.

La de Pascua era propia de pueblos nómadas de pastores. Para su realización no se requería de un lugar o santuario y altar, ni de un ministro religioso o sacerdote. Se realizaba mediante el sacrificio de un animal, de preferencia un cordero joven, con vistas a la fecundidad y prosperidad del ganado. Su cocción era en fuego sin romperle hueso alguno, y con su sangre se untaban los palos de la tienda con lo que pretendían que amenazas o desastres fueran repelidos. Todo un rito de protección frente a eventuales amenazas y peligros

Con el tiempo, al sacrificio del animal y su cocción, se le integraron otros alimentos haciendo del rito un banquete-cena con pan sin levadura propia de los beduinos y hierbas amargas, no hortalizas. Mientras se cenaba, los participantes debían estar vestidos como si fuesen a salir en marcha, con su báculo de pastor en mano, sandalias en los pies. La cena-banque-fiesta, se realizaba en la noche de luna llena de primavera, la más luminosa para caminar de noche.

En tanto, la fiesta de los panes Ázimos tiene su origen en los pueblos caldeos (Mesopotamia), y está en relación con el inicio de la cosecha en primavera de la cebada, y que concluía con otra fiesta siete semanas después.

Así como la fiesta cananea del cordero se realizaba ante eventuales amenazas y peligros, la de los Ázimos tenía una función similar: impedir que los espíritus nefastos del año previo afectaran el año nuevo que comenzaba con las cosechas, y para ello desechaban la harina vieja y fermentada, esperando que la harina nueva fermentara sola, con levadura nueva. Para ello, esperaban siete días, que correspondían a los días de los Ázimos, cuando comían panes sin levadura o bien, sin harina fermentada.

Los israelitas, pueblo nómada de origen, al llegar a Canaán integraron la fiesta de los Ázimos (fiesta agrícola, de un pueblo sedentario) a la suya de Pascua, fusionándola en una sola y modificando la significación originaria de ambas, vinculándola a su salida del pueblo de Egipto, de donde procedían, con la significación de acción de gracias por la liberación de la esclavitud.

La cena de Jesús

El Evangelio de Marcos (14, 22-24) continua. “Mientras comían, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: ‘Tomen, esto es mi Cuerpo’. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: ‘Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos’.” Los otros tres Evangelios, Mateo (26), Lucas (22) y Juan 13), e incluso Pablo de Tarso en su primera carta los Corintios (1, Cor. 11, 23-29) son coincidentes en este parte: Jesús tomó pan y vino, y lo repartió entre sus discípulos, asociando-vinculando el pan a su cuerpo y el vino a su sangre.

Pablo de Tarso en su primera carta los Corintios explicita la significación de esa comida, que es central en la vida de los cristianos: “Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía’. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación”.

Alimentación y significación

En todas las religiones, el alimento desempeña un papel central en la identidad individual-personal que vincula a la persona con su comunidad (social, política y económicamente), con la naturaleza, y con la trascendencia. Es una expresión multidimensional.

En el caso del cristianismo, la simplicidad de un trozo de pan sin levadura (simple harina con agua cocinada), y vino joven o nuevo (jugo de uva fermentado naturalmente, sin aceleradores químicos externos), destaca de entre otros alimentos vinculados a la religión, pues no sólo como en las religiones a través de los alimentos la persona entra en contacto con la divinidad, para el cristiano este “alimento” no sólo los vincula y une con lo divino, sino que es la misma divinidad que en un trozo de pan y trago de vino está presente.

Por otra parte, mediante este “alimento”, las comunidades cristinas, releen su entorno y encuentran vínculos comunitarios que los proyectan.

En la experiencia Latinoamericana, en particular Centroamericana, durante los decenios 70 y 80, las comunidades releyeron situaciones de opresión, explotación, represión violenta, bajo gobiernos violentos. En medio de ello, la “alimentación” en torno a la celebración de su fe en las celebraciones Eucarísticas (del griego acción de gracias) cobró una significación de esperanza y alegría para enfrentar el entorno. Los cantos para acompañar el momento de la “comunión” o participación del “pan y vino” en la tradición establecida en los Evangelios, son su expresión. Carlos Mejía Godoy en Nicaragua y Guillermo Cuéllar en El Salvador, lo cantan y lo expresan al recoger lo que las comunidades reflexionaban y vivían.

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