El banquetazo

El café lechero parroquiano

Pedir  esta bebida en el tradicional café La Parroquia es un doble deleite: se disfruta la manera en que los hábiles meseros lo preparan y luego se saborea

El cronista

Foto: El Cronista

El vaso es de cristal. El mesero lo coloca en la superficie de la mesa y se retira. Para solicitar el servicio, con la cuchara los clientes golpetean suavemente el vaso. El sonido es un tintineo, similar a unas campanitas. El establecimiento puede convertirse a ratos en una sinfonía colectiva, cuando coincide que son decenas de comensales los que tocan y producen la múltiple sonoridad.

Al regresar, el mesero pide al cliente que le indique qué cantidad desea de café. Entonces, toma la jarra de acero inoxidable y desde una distancia corta deja caer una porción de café. Después coge la jarra que carga en la otra mano, vierte la leche a pocos centímetros y, conforme cae el líquido blanco, aumenta la altura desde la cual la deposita. Esa rica combinación que atrapa el recipiente es el café lechero. Es la tradición en los Gran Café de La Parroquia.

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También es el rito infaltable que solicitan los asistentes a ese negocio de origen veracruzano. Un rito público pero a la vez íntimo. El mesero y sus clientes observan esos minutos en que transcurre la unión de lo blanco y lo negro, para crear un ligeramente espumoso café con leche. El cómo se sirve se convirtió en el sello de la empresa. Es el distintivo que supo retomar para que la identificaran en el país.

Una mesera cuenta que para evitar se derrame la leche, precisar la altura desde la cual dejarla caer y afinar la puntería, deben practicar primero. Lo hacen apenas los contratan como empleados. Colocan jabón de polvo en un vaso y vierten agua en éste. Hacerlo impide en el futuro mojar a los clientes. El brazo hay que mantenerlo firme al cargar cada jarra, concentrarse en el procedimiento, ser preciso y atento. Luego de que se vierte el mayor chorro y brota la espuma, el toque final es detener el chorro y, de nuevo, agregar una pequeña porción leche. Es el pilón.

Los comensales que observan el rito quedan complacidos. De esta forma, disfrutan el café con leche antes de saborearlo. El disfrute, por lo tanto, es doble.

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