Primer plato

El chocolate en agua también espuma

Con un jarro de barro, un molinillo de madera y una buena mano se prepara el mejor chocolate, explica doña Elia

Yanitzel Chávez /www.caminosinmapa.com.mx

Carlos Rolón / www.caminosinmapa.com.mx

La tarde del último día de abril, Gómez Farías se inundaba con el olor de las carnitas y el chicharrón. Los cazos burbujeantes, por momentos, dejaban ver los trozos de costillas, suaderos y lomos que se deslizaban entre la manteca dorada.

En medio del vapor que desprendían las cocinas improvisadas que se habían instalado en el pequeño jardín del pueblo, estaban los artesanos del lugar. Los chiquihuites y canastos de todos tamaños resaltaban bajo los angostos portales, por el color natural del tule muy bien tejido.

Carlos Rolón / www.caminosinmapa.com.mx

Veíamos todo. Nuestra condición de viajeros inquietos nos llevó a curiosear cada objeto en nuestras manos. Se nos llenaban los ojos y se nos embriagaban los sentidos.

Así fue como encontramos a doña Elia y don José, una pareja de artesanos que veía pasar la tarde en el ajetreo de la gente, con el pretexto de la tercera feria del chicharrón y el artesano.

Recuerdo que la plática empezó por un molinillo de madera que observábamos a detalle, repasábamos con la vista cada ranura y cada uno de los anillos que saben muy bien de los hervores del chocolate.

Ni siquiera alcanzamos a darnos cuenta del momento preciso en que iniciamos la conversación, de un instante a otro, la voz sincera de doña Elia se dirigía a nosotros para contarnos del chocolate en agua espumoso que alguna vez su abuelita, doña Francisca Antonico, le enseñó a preparar:

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“Hierves el agua, le apagas, y así caliente le pones una tablilla de chocolate”. Nos dijo, con una mirada cómplice, sin ningún recelo y con todas las ganas de compartir la receta.

No pudimos hacer otra cosa que no fuera abrir nuestros oídos atentos a sus palabras, le escuchamos decir que el resto del secreto, está en el molinillo y la velocidad de las manos que agiten la bebida.

“Le calas un día y si lo haces en jarro de barro, mejor. Es una tablilla para un litro de agua, o tablilla y media para que no te quede ralito”. Se dirigió a mi, aconsejándome con detenimiento, como si quisiera asegurarse de que su receta fuera bien aprendida por una novata de la cocina.

Guardamos en la memoria el timbre suave de su voz que nos confiaba y nos guiaba para conseguir un sabor que no ha quedado tan lejos.

Le aseguré que seguiría cada una de sus recomendaciones y la plática nos envolvió. Doña Elia y Don José nos llevaron a viajar sin caminar un solo paso. Nos contaron de los ayeres en que las casas tenían sus largos patios, de los años en que el quehacer se hacía dos veces al día y de los tiempos en que los pisos se lavaban en cuclillas con jerga y cubeta:

“Teníamos que vernos los calzones”, recordó doña Elia divertida, en una frase chusca que intentaba explicarnos la disciplina con que se hacían las labores del hogar.

La tarde se nos acababa en una charla espontánea y se nos olvidaba que Gómez Farías continuaba de fiesta. El viaje también terminaba; así, con la firme promesa de una receta pendiente a seguir.

Chiquihuite: Del náhuatl chiquihuitl. Cesto o canasta de mimbre, bejuco o carrizo sin asas.

“Ralito”- Ralo: Que es poco espeso o poco poblado.

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2 Comentarios

  • Responder
    Hilda
    10 junio, 2017 en 10:13 am

    Mmmmm yo quiero una taza bien espumosa con una semita de pan de Valle de Juárez Jalisco…Rumbo a mi tierra querida

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      2 julio, 2017 en 11:57 am

      Hola, Hilda. Muchas gracias por dejarnos tu comentario. Ojalá que pronto podamos ir a Valle de Juárez para probar la delicia que nos recomiendas. Saludos.

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