Recetario

Jicaleta: la fresca paleta de jícama

Con esta fresca raíz se pueden preparar fácilmente estas jugosas, sabrosas y saludables paletas

Sergio René de Dios Corona

Foto: Sergio René de Dios.

Instrucciones: consiga una jícama de las más grandes, lávela bien y luego quítela la cáscara. Enseguida, corte rodajas del mayor tamaño posible. Después, a cada una de ellas puede darle la forma de una estrella, un cuadrado, un corazón, un triángulo… siempre y cuando tenga un molde para rebanarlas o su habilidad manual se lo permita. A cada rodaja colóquele un palo que la atraviese como si fuera paleta.

Si hasta aquí ha seguido las sencillas instrucciones, el último paso es darle un nuevo sabor. Hay muchas opciones: la baña con jugo de limón, le pone chamoy para darle color, le unta chile piquín o cualquier otro de su agrado, incluido el de botella. Y listo: ya tiene una jicaleta, esa combinación de jícama y paleta o paleta de jícama, que desde hace años se extiende por Jalisco y otras entidades.

Tubérculo fresco, blanco, que suele ser parte de los picos de gallo con frutas como la naranja o el pepino, la jícama es un manjar que alivia la sed. Es una sabrosa botana que se acompaña con cervezas, tequila o alguna otra bebida alcohólica. Los bares y cantinas la usan mucho.

Foto: Sergio René de Dios.

Su consumo lo agradece el estómago. Es de un sabor no escandaloso, no intenso, ni ácido ni dulce, sino ligeramente insípido. Es altamente jugosa y su sabor ser acerca algo al de un agua de arroz sin endulzar. En las épocas de calor es cuando más se antojan.

Las jicaletas suelen ofrecerse en pequeños carros ambulantes que circulan por las calles. Sus vendedores colocan con una brocha la salsa que apetezca el cliente. Cada una cuesta alrededor de 15 pesos, que bien valen la pena pagar con tal de saborear esa simbiosis de jícama con paleta.

Es un producto con una característica que la hace diferente a las paletas de hielo: no necesita refrigeración; y a las de dulce: es blanca y sin sabor fuerte. Disfrútela.

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