Cancionero Culinario

La música en los restaurantes

Hay quien prefiere comer con un fondo musical. Otros consideran que la música es un distractor

Marisa Núñez / El Paso

Foto: Juan Carlos Núñez B.

Entramos al restaurante y algo parecía extraño. Fue hasta minutos después cuando empezó a sonar la música de fondo que caímos en cuenta que eso era lo que faltaba. A mi abuelo y mi papá les gustaba comer con música, uno folclórica, el otro, clásica; mi otro abuelo, en cambio, comía en silencio o simplemente acompañado de la conversación.

La mayoría de los establecimientos de comida tocan música para deleite o sufrimiento de sus comensales y es que eso depende del gusto de cada quien. Hay quien prefiere comer acompañado de música y hay quienes afirman que el acto de comer es tan importante que la música resulta un distractor.

Prácticamente en todos los establecimientos de comida hay música, ya sea grabada o en vivo, lo mismo en el restaurante más exclusivo que en el puesto de tacos de la calle o la palapa en la playa. Nunca falta el radio o el músico que se acerca a ofrecer una canción por unos pesos solo o con su trío o grupo.

En los mercados, en los tianguis, en las fondas siempre hay algo sonando de fondo. A veces resulta una muy agradable sorpresa, pero en otros casos puede ser algo terrible. Peor cuando en lugar de música está la televisión con sonido. Otra opción menos mala es cuando se puede ver la televisión con el partido de futbol del día o la novela, pero sin sonido y en el fondo, la música.

Foto: Juan Carlos Núñez B.

La música sirve además como un neutralizador del ruido desagradable, por ejemplo, del ruido de la cocina o del bar, del que se hace al masticar, deglutir o beber, de los ruidos de los cubiertos sobre los platos y de las pláticas de otros comensales siempre y cuando no se utilice a volúmenes tan altos que lo único que se escuche sea la música y nada más.

Lo cierto es que hay una regla general en la que coinciden los expertos: la música debe ser más bien un factor atmosférico que acompañe de manera casi imperceptible a los clientes y que no distraiga demasiado. El volumen en este sentido es la clave. No sé si es cuestión de edad, pero a mí me molesta que el volumen esté tan alto que no se pueda disfrutar el lugar, a mi hija de 15 años parece no importarle.

En algunos establecimientos la música es lo principal y la comida no es necesariamente la protagonista. Hay a quienes les encanta comer acompañados de un mariachi cuya trompeta resuena en los oídos que hasta duelen, un grupo de jazz o un cantante con parlantes a todo volumen.

En algunos casos, la conversación con alguien o la calidad de la comida pasan a segundo plano. La razón por la que acuden a tal o cual restaurante es la música. Ejemplo de estos lugres son los restaurantes de tipo campirano en los que hay mariachis y cantantes de música vernácula y los de empresas y marcas de rock que tienen bandas de música en vivo. Por el contrario, hay quienes deciden no acudir a tal o cual establecimiento por la misma razón. Prefieren algo más tranquilo y pueden sacrificar incluso la buena comida con tal de poder comer tranquilo y que la música no opaque su conversación.

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