Primer plato

La velada de la Virgen de Zapopan

La víspera de la “Llevada” de la “Generala”, es una fiesta para esperar la caminata y danzar, alimentando al cuerpo

 Elba Castro*

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Foto: Juan Carlos Núñez

La noche del 11 al 12 de octubre en Guadalajara hay una celebración especial que se vive en las calles, especialmente en el trayecto que va del centro de Guadalajara al centro de Zapopan, por las vías más importantes de la ciudad.

Es la preparación para llevar hasta su basílica a la virgen de Zapopan, que ha cuidado a la población de los desastres del temporal y de ciertas enfermedades que causaban horror en los habitantes de finales de siglo XVII.

La tradición popular es velar a la virgen desde la noche del 11 de octubre. El escenario en los portales del Palacio Municipal de Guadalajara evoca una de esas noches frecuentes que debieron verse desde el siglo XVII. Ahí donde familias enteras (provenientes de diversos puntos de la ciudad y de fuera de ella) se instalan en las calles que forman el primer cuadro de la ciudad y pernoctan con gruesas cobijas o en el mejor de los casos con casas de campaña.

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Foto: Juan Carlos Núñez B.

La idea es velar a la virgen para salir con ella después de la misa de las 5 de la mañana. Es una noche particular. En la tradición después de las 10 de la noche comienzan a llegar las danzas, cuadrillas de danzantes que evocan un estilo prehispánico de Mesoamérica y del norte del continente.

El hambre, pero mucho más, el antojo está presente… porque en ninguna fiesta nadie come por hambre solamente, sino por gusto, y en este caso, el antojo particular de probar alimentos que son traídos al centro de Guadalajara desde diversos puntos de la república.

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Taibelín y su hijo. Foto: JC Núñez.

Hay “Pan de fiesta”, del estado de Tlaxcala, la familia política de Taibelín Alcocer Hernández, tiene más de 50 años viniendo a ofrecer su pan artesanal, trae todo el que puede hornear dos días antes de llegar al 11 de octubre. Es ese pan de piezas grandes hecho a base de harina de trigo y mantequilla que puede estar adornado con ate de membrillo multicolor, que le da figura a algunas flores y es salpicado de ajonjolí… Lo vemos en sus cajas, tapadas comúnmente con hojas de zapote blanco para conservar su frescura.

A nuestros sentidos llega el olor a carne asada a las brasas de carbón… ahí también se pueden ofrecer tacos de carne adobada, de birria de chivo y de res, de asada, de chorizo… quesadillas al estilo de la Ciudad de México es decir, sin queso y con champiñones o con flores de calabaza…

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Galletas de maíz del Estado de México. Foto: JC Núñez.

Del estado de México encontramos galletas y tortitas de maíz doradas al comal, vemos a las mujeres con su anafre y torteando estas pequeñas galletas, mientras los hijos pequeños se acurrucan a los pies para dormir.

Esta vez, en un espacio pequeño, dedicado a la comida de esta noche, por la avenida Alcalde se daban cita además los carritos de tradición local que ofrece verduras al vapor (papas, chayotes, brócoli, garbanzos y huevos cocidos) y elotes (asados con sal, cocidos con sal y limón o con crema y queso). Las guasanas y los cacahuates cocidos al vapor ocupan también su lugar y son provenientes de la Ciénega de Chapala…

Tampoco faltan los antojos del “comal caliente” es decir, los que son fritos, como los tacos dorados, los sopes, las enchiladas… o las tostadas raspadas de cueritos y de pata o pozole o tamales. Hay también quien puede gustar de una torta ahogada…

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Salchipulpos y salchitacos. Foto: JC Núñez.

También están los antojos de harina: hot-dogs, pizzas, crepas, churros…  palomitas de maíz, nachos, salchitacos, salchipulpos, papas fritas y churros de harina de maíz.

Para los antojados de azúcar, hay una oferta igualmente amplia, desde los tamales colados, los dulces que son de elote o de fresa o piña; los tradicionales buñuelos de miel (estilo el santuario) y los de azúcar (hechos con moldes y espolvoreados con canela), el pan dulce de Guadalajara (conchas, cemas, espejos, cuernos, pan bola, picones, campechanas)… algodones de azúcar. Pero también hay surtido de frutas como cañas o los llamados “biónicos” hechos a base de plátano, papaya y fresa con una crema azucarada y avena tostada. También hay morelianas.

¿Y de beber? En el recorrido de esta “verbena” se ofrecen brebajes tradicionales tales como el tepache, el tejuino y la tuba (bebidas fermentadas) aunque también se ofrece “agua de Kahlúa” o de tamarindo o “rusas” (hechas con refresco de toronja, limón, sal y clandestinamente un poco de licor). O bien se puede optar por el agua de limón con chía, de horchata, de naranja… o café de olla (con canela) o chocolate en agua o avena caliente o jugos de fruta natural o ya de plano refrescos industriales…

Pero hay también quien ya sabiendo que “primero es comer que ser cristiano” llevan sus propios bastimentos. Así que preparan para su familia lonches, tortas o sándwiches. Como una familia que venía del rumbo de “Arroyo hondo” en el norte de la ciudad y que gustosa nos ofreció con una generosidad común en este ambiente, una torta para pasar el hambre de la velada.

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Foto: Juan Carlos Núñez B.

Las danzas ya suenan toda la noche y generan una atmósfera que guarece a todos y nos hace familiares… hay muchos bebés pequeños que desde entonces ya participan de la fiesta, de la costumbre, de esto que tiene el fervor para “acompañar” a la “Chaparrita”, como se le dice a esta imagen que mueve a casi dos millones de personas y que mide poco más de 30 centímetros.

Es el caso de Ángel que apenas tiene 6 meses. Gatea dentro de una casa de campaña. Es el más pequeño de la familia Rizo que llegó de la colonia Arenales Tapatíos y se instaló en los portales de la presidencia de Guadalajara para esperar el amanecer y participar en la procesión hasta Zapopan.

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Foto: Juan Carlos Núñez B.

Antes de que el sol despunte, los romeros ya están listos para ir a Zapopan en la caminata… los peregrinos se despertarán con un café y un pan… más al rato se repondrán con tamales y atole o con un lonche de pierna o jamón…

Si se tiene suerte en el recorrido, se podrán ver los collares de tejocotes, las pencas de agave, los coyules y las cocadas, que proceden de Michoacán y de Puerto Vallarta… también con suerte, se pueden encontrar los charales empanizados y fritos con limón, sal y chile… este año todavía se pudieron localizar, pero con dificultad, pues las autoridades dieron pocos permisos para vender a los “ambulantes” de comida… aunque es preciso recordar que toda la fiesta es ambulante.

Un señor ya mayor añora a pregunta expresa que de lo tradicional como las cebollitas (cacomites), que se veían cerca de la Av. Ávila Camacho… no las ha visto ya o al turrón rosa que se corta con machete y se prepara con limón y chile.

Este año se celebró por primera vez la romería de Zapopan con la categoría de “Patrimonio Intangible”, con saldo blanco y con hambre de encontrar los puestos más tradicionales. Ojalá que las autoridades puedan distinguir que en el corazón de esta romería está el que los alimentos también caminen al lado de los peregrinos, por lo que se requiere que “ambulen” para seguir la fiesta… para continuar el gusto, especialmente de alimentar el cuerpo y consentir a que el espíritu haga lo suyo en esta celebración.

[i]Esta observación se pudo completar con la ayuda de las doctorantes del CIESAS, Verónica Ortiz, Leticia Huerta y Elizabeth Chaparro, a quienes agradezco haberme compartido sus notas.

 

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