Recetario

Mole de cacahuate

Recaudo de un solo chile (chipotle), cacahuate y carne de pollo son los ingredientes centrales para preparar este platillo de fiesta que reúne a las familias

Beatriz Rosette Ramírez

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Foto: Juan Carlos Núñez B.

Para mi querida abuela era una fiesta la hora de la comida y, como en cualquier familia mexicana, en los momentos especiales el mole es casi un personaje principal en las tertulias donde la parentela se reúne.

Como lo hemos comentado en otros artículos, el mole es una delicia nacida de la mezcla de la cocina española y la tradición indígena mexicana. El mole no es un producto de la casualidad sino el resultado de un lento proceso culinario iniciado desde la época prehispánica y perfeccionado en la Colonia.

El rastreo de este platillo sugiere que hay más de 300 variedades, casi tantas como tipos de cocina existen en México.

Según la Real Academia Española el vocablo data del náhuatl mullí, que quiere decir salsa espesa preparada con diferentes chiles y muchos otros ingredientes y especias.

Según el sitio web México desconocido dedicado a las “Estrellas de la cocina Oaxaqueña”, la tradición del mole nace en Puebla, pero se sabe que tuvo origen en todo México y ocurrió donde tuvo influencia la cultura española, dándose así el sincretismo de la gastronomía mexicana.

En el infinito mundo de la cocina, se hace necesaria la curiosidad y exploración para entender la diversidad de nuestra cultura gastronómica; en ese sentido, la revista Ruta de la Cocina Mexicana apunta en una mirada retrospectiva, dirigida hasta la cuna de la colonización, que el “mulli” era servido en fiestas patronales, bodas y bautizos, aunque también se preparaba como guisado especial para conmemorar el yutlalecan (muerte de una persona). Como se podrá apreciar el mole está presente en ceremonias trascendentales en nuestra cultura.

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Foto: Juan Carlos Núñez B.

Hoy quiero compartir la preparación del Mole de cacahuate. El recaudo de un solo chile, cacahuate y carne de pollo, fácil de preparar, pero no por eso deja de tener magia, encanto y delicia.

Evoco a mi querida viejita, quien afirmaba que “en la cocina el mejor sazón se da en con el corazón, en el amor hacia los comensales y ese deseo permanente de quedar bien con los tuyos” y ese era su gran secreto.

Inmersos en nuestra cultura, y para no perder el rumbo justo en el marco de la fiesta de cumpleaños del patriarca familiar, así preparan las hermanas Leticia y Martha de Dios Corona este delicioso manjar:

Poner a cocer los 4 grandes pollos, ya que al festín acude toda la descendencia. Los cocimientos se van dando en un gran perol con 2 cabezas de ajo, 12 pimientas negras enteras, algunas hojas de laurel, 3 grandes cebollas, unos 15 jitomates grandes que se ponen al hervor del fuego apacible.

En tanto, el gran círculo de mujeres (sobrinas, tías y hermanas) que acuden a los preparativos se dan a la tarea de moler en metate 4 bolsitas de cacahuates dorados para botana, esos que llevan cascara delgada entre rojo-tinto. Estas moliendas se van diluyendo con el caldo de pollo que se ha sacado de la gran olla.

Como en la usanza de la abuela, de vez en vez se toca la carne del pollo para cotejar que esté blanda. Todo esto se va cocinando no solamente en la estufa, sino también en la convivencia familiar, enterándose el clan de los pormenores de la vida de todas y cada una de las que lo integramos.

De manera conjunta se da el momento en que los colorados jitomates se aprecian cocidos y se sacan para que se enfríen. Una vez que su temperatura baja se vierten en la licuadora acompañada de una lata de chile chipotle, la mezcla va tomando un color rojizo, con el aroma muy particular del chipotle.

Es tiempo ahora de freír y unir los recaudos. En una gran cazuela se deposita un tanto de aceite, esperando que el olfato alerte de su cabal cocimiento. En un primer momento se vacía la primera molienda, los cacahuates debidamente cernidos, para no dejar grumos, advierte doña Leticia. En el transcurso o casi de manera simultánea la pócima va cambiando de color. Es de vital importancia mover, suave y pacientemente, para hacer una fórmula homogénea del cocimiento, que toma un color naranja-mandarina. El olor invoca el cacahuate en su máximo sabor.

En un segundo y tercer plano, las mujeres han preparado ya, en una cazuela de barro, una apetecible sopa de arroz; paralelamente se han rebanado 5 grandes cebollas para ser curtidas en jugo de limón.

La fiesta de la familia ha comenzado…

Hasta la próxima.

 

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