Primer plato

Muertitos para comer

Gregorio Velázquez es especialista en moldear churros con forma de calaveras, alacranes y chupacabras. En estos días vende en la feria del Día de Muertos en el Parque Morelos

Juan Carlos Núñez Bustillos

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Fotografía: Juan Carlos Núñez Bustillos

Los niños tuvieron la culpa de que Gregorio se hiciera un experto en elaborar churros con forma de alacranes, calaveras, muertos, chupacabras, sapos y sirenas. Con una tabla, un palo y una espátula, “Goyo” forma en un instante las figuras de masa que luego fríe en una cacerola rebosante de aceite caliente. Esta tarde, la gente se arremolina alrededor de su puesto en la feria del Día de Muertos del parque Morelos. Unos porque se quieren comer un muertito recién hecho, calientito y espolvoreado de azúcar. Otros porque admiran su habilidad para formar las figuras.

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Fotografía: Juan Carlos Núñez Bustillos

“Yo era un panadero normal, pero los niños son relatosos y me pedían que les hiciera figuras, me insistían; que haz esto y que haz el otro, que ponle aquí, que quítale allá. Y yo se las empecé a hacer. Ellos me iban diciendo cómo la querían y yo las iba haciendo. Yo era birotero y mira en lo que viene a parar”, relata Gregorio Velázquez Martínez mientras con la espátula forma los dientes de una calaca de ojos enormes.

Aprendió el oficio desde niño. “Yo iba a misa los domingos a la iglesia de San Luis Gonzaga y ahí el padre Lemus nos regalaba un birote y un atole de piloncillo. Ahí tenían una panadería y yo les dije que si me dejaban aprender. Tenía como ocho años y desde entonces. Al principio hacía alacrancitos de masa, los llenaba de tizne y los ponía en las paredes nomás de pura diversión. Luego fue mi oficio”.

Entre calacas y comida

En la víspera del Día de Muertos apenas se puede caminar por el parque. Cientos de personas se aglomeran entre los puestos que ofrecen flores de cempasúchil, papel picado, incienso, veladoras y pequeños altares. Calaveras de azúcar, de barro y de cartón. Cráneos tamaño natural y muertes en miniatura. Esqueletos que bailan o que representan los más diversos oficios. Calacas teiboleras y calacas monjas. Hay entierros y parrandas. Pequeños féretros de los que asoman sonrientes esqueletos y muertos vestidos de charro.

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Fotografía: Juan Carlos Núñez Bustillos

Sobra qué comer. El pan de muerto es la estrella de la noche, pero se hornean también enormes panes rellenos de ate amasados por artesanos tlaxcaltecas. Dulces de todo tipo, papas en sus más diversas presentaciones, salchipulpos y pizzas. Efímeras cenadurías ofrecen pozole, tostadas, patas de puerco y todo tipo de fritangas.

Hay comida de verdad y comida de barro. Pequeñas frutas elaboradas con azúcar y muchos olores que se entremezclan. El aroma de las gorditas de nata y del pan que se hornea ahí mismo es devorado por el olor del hígado y de las tripas que se fríen en aceite.

La sirena embarazada

Gregorio sabe hacer 25 figuras distintas que cuestan diez pesos. Esta noche, los muertos y las calacas son los preferidos. Un niño al que le sobra hambre y le falta dinero se acerca al puesto.

-“Agarra uno, hijo”, le ofrece Gregorio.

No lo piensa dos veces. Le arranca de un mordisco la cabeza a un “muertito” al que en lugar de sangre le escurre cajeta y leche condensada con los que lo cubrió generosamente.

-¿Sabes cómo se llama el señor?

-No, pero es mi amigo.

-¿Por qué?

-Porque me regala.

“A veces vienen niños que viven en la calle y yo les regalo los churros. O a veces no traen dinero y también se los doy. Soy muy perseguido por los niños. ¡Cómo no se los voy a dar si fueron los niños los que me dieron mi oficio!”, afirma mientras pesca del aceite con una varita de metal a una sirena, otra de las figuras preferidas de sus comensales.

“Hace ya muchitos años, vino una señora embarazada y yo le hice una sirena, pero le puse en la panza un bebé. Primero hice a la mamá y luego al hijo, y luego ya los junté”. Antes de que termine la explicación aparece en el puesto aquella mamá que desde entonces visita a “Goyo” cada año. Se llama Irene Cisneros Chávez y la acompaña su hijo Rodolfo de Jesús Hernández Cisneros, un joven hecho y derecho de 21 años.

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Fotografía: Juan Carlos Núñez Bustillos

“Este es el niño de la sirena embarazada”, cuenta la mujer. “El 1 de noviembre de 1994 estaba embarazada y vine a la feria. Gregorio me la hizo la sirena y luego le pegó al bebé. ¡Me encantó! Desde entonces vengo cada año y traigo a mi hijo. Cuando estaba más chico y no veníamos pronto me hacía unos berrinches tremendos y ahora si no venimos, también”, bromea la mujer.

-“Quihubo. Ya vio que yo no le hecho mentiras. Desde entonces las embarazadas quieren su sirena con el bebé”, tercia don Gregorio.

“Él es un maestro”, dice Irene.

Gregorio no alcanza a chivearse por el piropo pues un señor le pide una calaca que le paga con un billete de 200 pesos.

-“Uy… no traigo cambio. Llévatela así, no hay problema”, le ofrece el panadero.

-“No. Cómo cree”.

-“De veras, no hay problema. O el año que entra me los das”.

El cliente no acepta y cambia el billete con otro cliente. “El chiste es que todos nos ayudemos. Si así fuera otro país tendríamos. Mire. ¿Se acuerda del chupacabras? Pues cuando salió, los niños querían que a fuerzas les hiciera churros con la figura del chupacabras. Pero ¿cómo lo iba a hacer si nadie lo había visto? Entonces los niños me fueron diciendo cómo. Mire, le voy a hacer uno”.

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Fotografía: Juan Carlos Núñez Bustillos

Don Goyo toma un pedazo de masa. Como si fuera un prestigitador, en un cerrar de ojos, lo convierte en una tortilla y comienza a darle forma mientras describe las características del chupacabras. Escúchalo aquí. “Y así queda el chupacabras”.

 

Vecino de Arenales Tapatíos, “Goyo” recorre las ferias de los pueblos para preparar y vender sus figuras que cambian según las temporadas. “Después del Día de Muertos viene Navidad. Entonces hago renos y angelitos”.

Pero ahora los festejados son los muertos y los vivos que se los comen. “Mis churros tienen un sabor especial porque los hago con gusto. Están ricos, pero no se vale que yo lo diga. Lo tiene que decir la gente”. Y una señora dice que sí con la cabeza porque tienen la boca ocupada masticando una calaca. “Hacer esto me gusta, en eso está la clave”. Y comienza a moldear otro muertito.

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2 Comentarios

  • Responder
    fabiola
    13 marzo, 2016 en 6:52 pm

    Excelente sitio, muchas felicidades, me estoy permitiendo hacer difusión de sus artículos en facebook, pues considero que es de mucho valor para todos. https://www.facebook.com/mevi.comunicacion

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      13 marzo, 2016 en 11:11 pm

      Muchas gracias, Fabiola. Por leernos y por compartir este proyecto de periodismo cultural sobre gastronomía de Jalisco. Saludos.

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