Primer plato

Oaxaca y sus jitomates criollos

Estos frutos no han sometidos a procesos de hibridación. Se mantienen como una herencia familiar y culinaria que sobrevive

Patricia Bañuelos / Oaxaca

Foto: Patricia Bañuelos.

Cuando comencé a planear esta aventura oaxaqueña, la gastronomía típica del lugar figuraba entre los primeros puntos de interés. Después de una semana en la tierra que vio nacer a Rufino Tamayo, he estado tentada a declarar ese punto de interés como el único, o al menos el más importante. Y mire que me he procurado un poco de todo: tlayudas, memelas, mole negro y amarillo, tasajo, tamales y hasta un festín de cerdo en el poblado de Zaachila del que no me he podido recuperar del todo, pero para mi asombro lo que más me ha sorprendido de la maravillosa cocina de este lugar, fue lo más sencillo, fresco y nutritivo, es decir, los jitomates criollos.

Según el diccionario Larousse Cocina, el jitomate criollo “es aquel que  adquiere diferentes formas, a veces como riñón y otras como un gajo, y en el mejor de los casos parece un tomate deforme. Es muy apreciado en los mercados de los Valles Centrales de Oaxaca y del Istmo de Tehuantepec. De sabor exquisito y delicado, es muy jugoso y rojo, y se utiliza como el jitomate común”.

Foto: Patricia Bañuelos

Conocido en el náhuatl clásico como: Xītomatl, xīctli (“ombligo”) y tomatl (“tomate”), y en el lenguaje científico como: Solanum lycopersicum, el tomate o jitomate, como usted prefiera (aunque en sentido estricto jitomate solo debe utilizarse para hablar de variedades de tomates grandes, rojos), es una planta originaria de América. Su origen se ha localizado en las costas de Perú y Ecuador, no obstante, es México quien se considera su centro de domesticación. En nuestro país existen cientos de variedades de jitomate, por desgracia, tenemos acceso a muy pocas de ellas.

Los jitomates criollos, también conocidos como silvestres o Heirloom, son comunes en los mercados oaxaqueños, así a primera vista sobresale el llamado “jitomate riñón”, el cual da la apariencia de tener una especie de gajos y una forma alargada. Curiosamente imperfectos, muchos muestran algunas heridas sobre su suave corteza, ya que la mayoría provienen de cultivos orgánicos. En las canastas de las marchantas también encontraremos los tipos saladette, bola y cherrys en diferentes formas y colores.

Una tendencia gastronómica a nivel nacional gira alrededor de la comida tradicional, algunos de los mejores chefs del país se dedican a investigar y promover la comida de antaño, la que fragua sus grados de cocción en hornos de piedra y barro, alimentando el fuego con leña o carbón. Gracias a algunos de esos chefs y cocineras tradicionales se ha puesto especial atención en el rescate de nuestros productos originarios, como lo son el maíz, el chile, el chocolate, algunas hierbas como el epazote, hierba santa o la pitona, y en últimas fechas a ese rescate se suman los jitomates criollos.

Foto: Patricia Bañuelos.

Lo que originalmente fue una tendencia nacional ahora se expande por el mundo, y aunque eso nos puede llenar de orgullo, es también la razón por la cual algunos de los frutos mexicanos más preciados son desconocidos para nosotros, o comienzan a escasear en nuestra mesa porque han alcanzado precios altísimos, tal es el caso del aguacate. Gran parte de la producción (que de por sí no es mucha) del jitomate criollo se exporta, por lo que es muy difícil encontrarlo.

El que los mexicanos pidan y consuman este tipo de hortalizas, ayuda a los productores (por lo general indígenas) a seguir cultivándolos. Los jitomates criollos no han sido cruzados ni hibridados, se mantienen como una herencia familiar. Su sabor es exquisito y su valor nutricional alto, comparado con sus similares híbridos, ya que no sacrifican su sabor o cualidades por encajar en una talla o color uniforme. Son fuente de vitaminas A y C, además su grado de acidez es menor.

La mejor opción para disfrutar su sabor es consumirlos frescos. Se llevan muy bien con sus paisanos, es decir: nopal, rábanos, aguacate, jícama. Son pocos los estados en donde podrá encontrarlos, pero si alguna vez los encuentra por ahí, no lo dude ni un segundo y prepare cuanta variedad de ensaladas se le ocurra.

Los platillos que presentamos en las fotografías fueron preparados por el chef Luis Arellano, del restaurante Criollo, en Oaxaca. La primera corresponde a una ensalada de tomates criollos y fresas con vinagreta de chamoy. La segunda, es también una ensalada con el mismo ingrediente principal combinado con nopales, aguacate y jícama.

También podría gustarle

2 Comentarios

  • Responder
    Eduardo J. Del Valle
    15 mayo, 2018 en 4:12 pm

    Un texto que abre el apetito del comensal más exigente. Leerte resulta tan exquisito como cada uno de los platillos, recetas y productos a los que dedicas tus letras. Larga vida a la gastronomía mexicana y a jaliscocina.com por difundirla.

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      19 mayo, 2018 en 11:21 am

      Muchas gracias, Eduardo. Tus palabras nos alientan a seguir en esta sabrosa tarea que es reconocer las delicias que nos ofrece la cocina tradicional. Saludos

    Dejar una respuesta