Primer plato

Puestos de comida callejera, “accidentes” de sabor

Los tapatíos somos dados a comer en la calle. Hay en Jalisco un restaurante por cada 296 habitantes. Los puestos callejeros suman miles

Juan Carlos Núñez Bustillos

A mediados de los años 70 llegó a pasar una temporada en Guadalajara el escritor colombiano David Sánchez Juliao. Durante los primeros días de su estancia en nuestra ciudad, cuando íbamos en auto a algún lugar, el autor extranjero cortaba la conversación abruptamente y se asomaba sorprendido por la ventana de la vieja combi.
“Menos mal”, decía después aliviado, “creí que era un accidente”.

¿Un accidente? Le preguntábamos.

“Sí, un accidente”, respondía él “qué puedo pensar si veo un montón de gente arremolinada en una esquina y varios autos mal estacionados alrededor”.

Entonces nos reíamos y le explicábamos que era sólo un puesto de tacos o de tortas ahogadas, de lo que fuera. El escritor se aficionó muy pronto a los puestos callejeros y cuando quería ir a alguno, nos decía bromeando: “Vamos a cenar a los accidentes”.

Y tenía muchas opciones, pues los tapatíos somos muy dados a comer en la calle. A desayunar, comer y cenar. En la madrugada, llueva, truene o relampagueé. En estos tiempos de lluvias los puestos tienen sus estrategias para lidiar con el agua.

La mayoría tenemos nuestros puestos preferidos y no falta quien asegura que sabe dónde están las mejores ahogadas, en qué puestos se comen los mejores tacos de tripa o el mejor coctel de camarones de la ciudad. He llegado a presenciar álgidas conversaciones en torno a cuál es el mejor lugar.

No he podido localizar algún dato sobre el número de lugares de comida callejera en la zona metropolitana de Guadalajara y en Jalisco. Me temo que sea casi imposible por la dificultad del registro. Porque ciertamente hay puestos en forma, grandes y de larga tradición. Pero la comida callejera es muy dinámica, también se vende en carritos, triciclos, canastas. Hasta las cajuelas de alguno carros se convierten en un instante en comederos populares. Aparecen algunas horas y luego desaparecen. Se mueven.

Así que creo que será imposible conocer el dato con precisión. Lo que está claro es que son muchísimos puestos, muy variados y muy importantes para nuestra economía y nuestra cultura. Haga usted ahora mismo un rápido recuento de los puestos que están a su alrededor. ¿Cuántas opciones tiene cerca del lugar en que se encuentra? ¿Cuáles son y dónde están sus lugares favoritos de comida callejera?

Y si es complicado saber el número de puestos, lo que es más fácil es conocer el número de restaurantes. En eso sí hay cifras y eso nos puede dar una idea de nuestro gusto y también nuestra necesidad de comer fuera de casa.

Un estudio del INEGI y la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera refiere que en el país existe cerca de medio millón de restaurantes formalmente establecidos y que Jalisco es el tercer estado del país con mayor número de comederos. Esta industria es la segunda empleadora a escala nacional. El día de la madre se llegan a gastar 1,500 millones de pesos en restaurantes en un solo día.

Según este mismo estudio hay un restaurante por cada 296 habitantes en Jalisco. ¿Se imagina entonces el número de puestos por habitante? ¿Cuántas familias viven gracias a la comida popular? Y cuántas personas podemos disfrutar de esta comida o resolver la necesidad de comer fuera de casa porque las condiciones de la ciudad no nos permiten volver al hogar a disfrutar los alimentos.

Vemos pues que en términos culturales, económicos y prácticos los puestos y la comida callejera son importantísimos en nuestro estado. Además, muchos de ellos son una verdadera delicia. Hay comidas callejeras que no puede igualar el mejor chef. Se ofrecen, por supuesto, deliciosas tortas ahogadas en muchos restaurantes, pero en mi experiencia no he encontrado ninguna mejor que las que preparan los puestos. Lo mismo ocurre con otras comidas.

Cada puesto tiene su toque, su sazón. Cada quién tenemos nuestros preferidos. En los barrios son lugares de encuentro y de convivencia entre los vecinos.

Tal vez antes de leer, usted estuvo en algún puesto de menudo, de jugos, de tacos de canasta. ¡Qué envidia!

 

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