Una pizca de azafrán

Tiempo de roscas

En estos días de roscas de reyes, hay otro tipo de roscas: las de churros. En La Bombilla se elaboran con maestría desde 1952

Yolanda Zamora

churros La Bombilla

Fotografía: Yolanda Zamora

Inicio del 2016. Han pasado las fiestas decembrinas y llega el mes de enero, con la gran fiesta de la Rosca de Reyes, suculenta rosca con todo tipo de frutas secas, ate, ciruela pasa, nueces y, por supuesto, el Niño Dios que dará suerte el resto del año a quien lo encuentre al cortar la rosca, claro, a condición de que invite los tamales el próximo 02 de febrero, Día de la Candelaria.

Pero hay otro tipo de roscas que son ya tradición en Jalisco: Las roscas de churros.

Estas roscas de churros se ven por todos los rumbos de la ciudad, especialmente frente a los atrios de las iglesias los domingos, después de misa.

Voy a referirme especialmente a un expendio de churros de gran tradición, que continúa hasta la actualidad, con más de sesenta años deleitando con esta tradición caliente y azucarada, a los tapatíos.

Me refiero a La Bombilla, que nació gracias a tres madrileños que llegaron a Guadalajara en 1952 y que contrataron al tapatío don Juan González Arreola, como churrero, instalándose por los rumbos de San Juan de Dios. El negocio pronto prosperó y con el paso del tiempo, don Juanito compró La Bombilla, y ayudado por sus dos hermanas empezó a atenderlo, mudándose a la Avenida Juárez, muy cerca del cine Variedades. Era la segunda mitad de los años sesenta.

¡Cómo olvidar esa época en que, siendo muy niña me llevaban mis padres, a mis hermanas y a mí, a disfrutar del chocolate con churros al salir del cine Variedades, después de ver una película infantil española de Marisol, Joselito o Rocío Dúrcal. Uno salía cantando, y ahí nomás, cruzando la avenida (entonces de doble circulación), estaba La Bombilla cuyas paredes estaban adornadas con escenas taurinas al más puro estilo de Ronda, España.  Allá, a lo lejos, al fondo de la avenida, en lo alto, un par de charritos luminosos bailaba el Jarabe Tapatío.

La Bombilla más tarde se cambió a Pedro Moreno, y finalmente al lugar que ahora ocupa, a un costado del Parque de la Revolución. En fechas recientes estuve ahí, convocada por la nostalgia de los churros con chocolate, y corroboré que siguen siendo deliciosos. El lugar lo atienden ahora las nietas de don Juan González Arreola (quien tiene actualmente 87 años de edad).

El churrero es don Francisco Cárcamo, un hombre de gran experiencia en el quehacer de los churros, que ha vivido muy de cerca el devenir de La Bombilla. Me acerco a verle trabajar detrás de la protección transparente, mientras él va sacando una gran rosca, de varias ruedas, crocante y olorosa.  Me sonríe muy amable:

– ¿No se le corta la rosca, al sacarla del aceite? –le pregunto.

–Sí, a veces sucede cuando la masa está muy aguada.  Yo mismo amaso la harina y me doy cuenta cuando sobra agua y tengo cuidado.

–Pero, ¿ya tiene mucha experiencia, verdad?

–Uyyy sí, yo he estado desde siempre, voy y vengo… ya tengo muchos años de experiencia –me dice, entornando nostálgico sus ojos claros.

Le doy las gracias por su plática, le deseo muy feliz bienvenida al 2016 y luego disfruto una taza de chocolate espeso, estilo español, con sus churros. Uno a uno los voy mojando en el chocolate y los voy disfrutando como manjar de dioses. Dioses mexicanos, claro, no olvidemos que el chocolate fue un regalo de México para el mundo…

¡Muy feliz 2016, para todos!

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