Columnas Una pizca de azafrán

El buen tejuino no necesita nieve

Desde hace 50 años la familia Rizo vende esta bebida en la colonia Moderna. “Limón sí lleva”, afirma Francisco quien aprendió el oficio de su padre

Yolanda Zamora

tejuinero Rizo

Fotografía: Yolanda Zamora

“El buen tejuino no necesita nieve”, dice Francisco Rizo, tejuinero de oficio, cuyo carrito se instala cada mañana sobre la banqueta de la emblemática esquina en la avenida Alemania y la calle Rayón, de la Colonia Moderna. El oficio lo heredó de su padre don Jesús Rizo, quien lo inició en 1965. Es decir, el negocio familiar está cumpliendo ¡sus primeros 50 años!

-Yo aprendí de mi padre a poner a germinar el maíz, molerlo crudo, desbaratarlo como masa, ponerlo a cocer como un atole y agregarle piloncillo y azúcar. ¡Ah, y al fermentarlo, yo lo dejo tiernito, ni muy fermentado ni muy ligero!, en eso radica lo sabroso que me sale, por eso me vienen a buscar siempre en esta esquina todos mis clientes. Y lo vendo cada día recién hecho, nunca del día anterior.

-¿Y la nieve…? –le pregunto.

-El buen tejuino no lleva nieve, es una bebida prehispánica y nunca ha llevado nieve. Algunos le ponen… pero, pues ha de ser para cambiarle el sabor. Limón sí lleva, eso sí.

-Y, ¿cómo va la clientela, cómo ha cambiado el barrio en cincuenta años?

-¡Uyyy, pues yo estaba rete chiquito cuando venía con mi padre hace cincuenta años, pero sí, el barrio ha cambiado mucho! Figúrese nada más, allí enfrente, a la otra cuadra, estaba la Universidad Femenina, a mí me gustaba mucho ver llegar a las muchachas con minifalda, en los años setenta, y venían por su tejuino; aquí enfrente había un kínder, se llamaba “El encanto”, y claro, en esta cuadra, pues estaba Televicentro, entonces Canal 4 de Occidente, y había muchos programas en vivo, como: Canelita, Marcando el Paso, Evita… y otros.

Pasaban por aquí los camiones azules, el 60 y el 62 y los pasajeros se bajaban por su tejuino.  Acá de este lado –y señala con el índice-  había una Panadería, ¡riquísimo el pan!…  Pues sí, ha cambiado mucho la Colonia Moderna, pero afortunadamente,  los clientes siguen viniendo, fieles a mi tejuino, y a este carrito que no se raja, y que está cumpliendo cincuenta años.

Observo no sólo un auténtico gusto, sino orgullo, en el rostro de don Francisco Rizo por preparar y ofrecer su tejuino con la sonrisa en los labios. Luego, de pronto, me dice:

-Y qué… Usted, ¿no se va a tomar su tejuino?

Y me extiende un vaso de rico tejuino helado. Lo tomo con agradecimiento y goce anticipado. Lo bebo con deleite. Le doy las gracias, y me alejo caminando rumbo al tianguis de los martes en San Antonio, pensando que don Francisco Rizo es un hombre feliz. No cabe duda de que la alegría de vivir radica, en buena medida, en un oficio bien elegido que se comparte con los demás…

yolandazamora@hotmail.com

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2 Comentarios

  • Responder
    Gabriel Galindo
    8 febrero, 2016 en 3:10 pm

    En el sur de Jalisco no le ponen nieve, solo hielo picado y mucho limón. Crecí bebiéndolo así y me parece un desatino ese sabor dulzón que le da la nieve.
    Gracias por la nota, estoy descubriendo la página gracias a mi estimado amigo Gabriel Canales y encantado. Está súper interesante.

    • Responder
      Juan Carlos Núñez Bustillos
      10 febrero, 2016 en 5:05 pm

      Estimado Gabriel. Muchas gracias por su comentario. La que usted menciona es uno de las grandes discusiones en torno al tejuino: si debe o no llevar nieve de limón. Hasta donde sé, es un añadido relativamente nuevo. Muchas personas, como usted, lo prefieren al estilo tradicional. Otros, en cambio, no lo beben si no lleva nieve.
      Muchas gracias por leernos.
      Pronto publicaremos una receta de Gabriel Canales.
      Saludos

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