Cancionero Culinario

De fruto dulzón a canción dulzona

“Bote de bananas” es un tema musical dedicado al popular fruto cuyo cultivo ha dado pie a diversas expresiones artísticas

Sergio René de Dios Corona

Plátanos. Foto: Juan Carlos Núñez

Una canción dulzona para un fruto dulzón interpretó Johnny Laboriel en 1972, con Los Rebeldes del Rock. Se trata de una las pocas piezas musicales dedicada precisamente a una fruta. La alegre versión de Juan José Laboriel López, su nombre real, hace mención a los “ricos plátanos” que en “lindos” racimitos ofrece un vendedor, quien pide al posible comprador que “no sea malo”, vaya y los pruebe; el comerciante se refiere a las muchachas para que adquieran sus bananas, las cuales trae desde Jamaica.

Hasta ahora, casi medio siglo después, esta melodía de vez en vez se escucha en las radios comerciales. Su título es Bote de bananas y se puede ver aquí.

Y sí, el plátano es una fruta sabrosa, dulce, nutritiva, alargada, ligeramente curva en la punta, envuelta por una cáscara amarilla gruesa. Son numerosas las variedades. En México es común la planta, con sus enormes hojas, de la que cuelga el racimo con los apeñuscados guineos, como también se les llama.

Racimos de plátanos. Foto: JCN

En hogares de ciudades y pueblos, en ranchos, es fácil encontrarlos, como es el caso de los plátanos dominicos y machos, con los que se acompañan diversos platillos. En el país abundan las huertas de plátano o platanaares, sobre todo, en las costas.

Pero volvamos a la melodía. En el caso de la versión de Laboriel, la letra elimina el sentido social de la canción original, o al menos una de las que con distintos arreglos y contenido se grabaron en los años 50. La más conocida es la que interpretó el estadounidense Harry Belafonte y que grabó en 1956. Su título fue Day-Oh, una canción tradicional de la isla caribeña Jamaica.

A diferencia de la canción mexicana, la de Belafonte recoge el cansancio de los trabajadores que laboran en la noche, que solo quieren regresar a su casa y dejar atrás los muelles jamaiquinos en que cargan las bananas en los barcos o botes para exportarlas. La letra del principal éxito de Belafonte, traducida al español, expresa con un dejo de lamento y reclamo entremezclado:

Día-oh, día-oh.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.
Día, me dicen que el día, me dicen que el día, me dicen el día.
Me dicen que el día, me dicen que el día-oh.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.

Trabajo toda la noche con una copa de ron.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.
Amontonando bananas hasta que llegue la mañana.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.

Plátanos: Foto: JCN

Venga, señor contador, cuente mis bananas.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.
Venga, señor contador, cuente mis bananas.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.

Levante seis pies, siete pies, un manojo de ocho pies.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.
Seis pies, siete pies, un manojo de ocho pies.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.

Día, me dicen que el día-oh.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.
Día, me dicen que el día, me dicen que el día, me dicen que el día…
La luz del día viene y me quiero ir a casa.

Un hermoso manojo de maduras bananas.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.
Esconde la mortal tarántula negra.
La luz del día viene y me quiero ir a casa.

Laboriel y Belafonte tienen algo más en común: son de ascendencia de países donde el plátano es parte de sus platillos tradicionales y un cultivo importante; el primero, de Honduras, y el segundo, de Jamaica. Por algo se interesaron por esa melodía. En las raíces de ambos cantantes está el fruto.

Además de su dulce sabor y su destacado ingrediente de la gastronomía mundial, el plátano se ha producido en condiciones sociales, económicas, culturales y políticas que encuentran reflejo en novelas, cuentos, películas y una gama de expresiones del arte y la cultura como es la música. El bote de bananas es un buen ejemplo.

 

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