Una pizca de azafrán

Pollo almendrado, herencia de la abuela

Al menos cuatro generaciones han preparado esta sabrosa y sencilla receta que debe cocinarse y disfrutarse sin prisas

Yolanda Zamora

Pollo almendrado. Foto: Yolanda Zamora.

En días pasados preparé en casa y afortunadamente con todo el tiempo del mundo, como debe cocinarse, sin prisas, un platillo muy sabroso, herencia de mi abuela materna, quien lo solía preparar especialmente en los cumpleaños de la familia. La receta pasó a mi madre, luego a nosotros los hijos y, finalmente, a nuestros hijos. Me refiero al pollo almendrado, cuya preparación comparto, con gusto, para ustedes. La receta es muy sencilla, nutritiva, fácil de preparar y, sobre todo, muy sabrosa.

Ingredientes

Pollo cocido. Foto: Y.Z.

  • Seis piezas de pollo (de preferencia sin piel).
  •  Una taza de almendras.
  • Un tomate grande.
  • Una papa grande.
  • Un chile chipotle.
  • Cebolla, ajo, sal, pimienta, orégano, aceite de oliva, al gusto.

Cocemos las piezas de pollo con su cebolla, ajo, pimienta, sal y orégano. Ahí mismo podemos cocer la papa, y el tomate, con el cuidado de sacarlos antes de que se nos desbaraten. El caldo de pollo nos va a servir mucho para preparar la salsa.

Por separado, ponemos a hervir agua en una ollita pequeña, y cuando suelte el primer hervor, hasta entonces, se pone a hervir la taza de almendras; basta, sin embargo, con sólo tres minutos, y apagamos la hornilla.  Es tiempo suficiente para que las almendras suelten fácilmente la piel, al limpiarlas. Ya tenemos nuestra taza de lindas almendras blancas, peladas y listas.

La cremosa salsa de almendras. Foto. Y.Z.

Ahora sí, vamos a preparar la salsa cremosa, lo cual es también muy sencillo. En la licuadora ponemos tres tazas de caldo de pollo, las almendras, el jitomate (sin piel), la media cebolla, la papa, pimienta, sal y… un chile chipotle (puede ser de lata), esto último es muy importante, porque le confiere a la salsa un sabor muy especial, ligeramente inquietante.

Bueno, digo “inquietante” porque mi abuela solía adjetivar los productos de la cocina con tonos humanos: este jitomate está muy “avergonzado”; aquella calabacita “humilde”, esto y aquello; y seguía: el mole voluntarioso, la crema rancherita, y el queso Cotija “listo para dialogar con el tequilita”, le decía ella a mi padre mientras le servía un caballito de tequila, “derecho”.

A los chiquillos nos divertía verla y escucharla mientras cocinaba. De vez en cuando, también cantaba. Y lo hacía con una voz aguda y entonada.

Volviendo a nuestra receta: Ya tenemos lista, entonces, la salsa cremosa. Puede ser más o menos espesa, según el gusto, administrando, claro, el caldo de pollo.

Se sirve con arroz, chayote y aguacate. Foto: Y.Z.

Viene el paso final: En una generosa sartén, poner un poco de aceite de oliva, no demasiado, sólo para sofreír las piezas de pollo, vamos a acomodarlas muy bien y tapar la sartén. Cuando el aceite empiece a medio shhhirriar es el momento de agregar, poco a poco, con un movimiento circular, la salsa, cubriendo completamente las piezas. Una vez hecho esto, se baja la flama, se tapa el pollo y se deja un par de minutos más. Le apagamos, lo dejamos reposar y…   ¡listo!

Se puede servir este platillo con arroz blanco, una rebanada de chayote cocido y una buena telera que, afortunadamente, todavía tenemos entre los sabrosos panes que se hornean en Guadalajara.
¡Y a disfrutarlo!

Buen provecho para todos, y ya me dirán cómo les salió el pollo almendrado.

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