Cine

La gran comilona, hasta morir

Esta película de Marco Ferreri, filmada en 1973, es una grotesca provocación para cuestionar valores y tabúes

Rogelio Villarreal

Tomada de TMDB. Uso informativo

Vi La gran comilona (La Grande Bouffe, 1973), de Marco Ferreri, cuando tenía unos dieciocho años, y no he vuelto a verla, aunque recuerdo algunas escenas con nitidez. La de una hermosa chica desnuda que se abalanza contra un enorme pastel de chocolate, o aquella en la que uno de los comensales es masajeado en el vientre después de un atracón para que pueda desalojar los intestinos, o la de una maestra regordeta que posa su trasero sobre la masa con la que preparará una pizza. Quedé muy impresionado por los excesos, sobre todo en lo que a gastronomía se refiere. Nunca había visto una película como ésta —otra que me impresionó fue Les Valseuses (Bertrand Blier, 1974), que vi uno o dos años después, pero es otra historia que luego les contaré.

El italiano Marco Ferreri (Milán, 1928–París, 1997) fue conocido por su cine provocador, misántropo y crítico con la burguesía y las relaciones de pareja. En España dirigió El pisito (1958) y El cochecito (1960), y en Italia y Francia desarrolló un estilo absurdo y nihilista, con películas como La abeja reina (1963), La mujer mono (1964), Dillinger ha muerto (1969), Cuentos de locura ordinaria (1981) y La casa de la sonrisa (1991).

Fotograma de La gran comilona. Tomada de TMDB. Uso informativo

De éstas vi, en el viejo cine Gloria, de la colonia Roma chilanga, La mujer mono, inspirada en la historia real de Julia Pastrana, una mujer indígena mexicana del siglo XIX que nació con hipertricosis, y poco después Cuentos de locura ordinaria, basada en relatos de Bukowski, con Ben Gazzara y la bellísima Ornella Muti.

Ferreri era un provocador que usaba el exceso y lo grotesco para cuestionar valores y tabúes, aunque La gran comilona es probablemente su filme más conocido y escandaloso. 1968 fue un año de fuerte agitación política —en México lo sabemos—, y esto impactó de lleno en la Mostra de Venecia de ese año. Ferreri estuvo al frente de las protestas de los cineastas italianos, quienes organizaron un boicot para exigir la democratización del festival, oponiéndose a lo que consideraban una institución burguesa y fascista.

Los protagonistas de La gran comilona son todos monstruos del cine italiano. Marcello Mastroianni interpreta a Marcello, un piloto mujeriego y amante del placer; Ugo Tognazzi es Ugo, un chef talentoso un tanto depresivo; Michel Piccoli es Michel, un productor de televisión divorciado que se aburre de la vida, y Philippe Noiret representa al juez Philippe, que aún vive con sus padres. A estas celebridades los acompaña Andréa Ferréol como Andréa, una voluptuosa maestra de escuela que se integra al festín. Algunas prostitutas invitadas salen huyendo al ver cómo el ambiente se vuelve cada vez más  decadente.

Fotograma de La gran comilona. Tomada de TMDB. Uso informativo

Estos cuatro amigos han tenido una vida muy exitosa, pero se sienten profundamente insatisfechos con sus vidas. Deciden reunirse en una antigua mansión en las afueras de París con la intención de encerrarse y comer hasta morir, es decir, cometer suicidio por exceso gastronómico —y sexual.

La mansión está suficientemente abastecida con manjares de todo tipo —recuerdo la escena de un camión del que descargan, entre otras viandas pantagruélicas, un enorme venado.

La película es un descenso a los infiernos… Escatológico y progresivo, en lenta picada hacia la muerte por glotonería, en la que no faltan flatulencias, vómitos, excesos sexuales y decadencia física. Una larga orgía gastronómica y sexual en la que se entreveran, literalmente, la comida y los cuerpos.

Recuerdo la preparación y tragazón del pastel en forma de senos que Andréa hace para Philippe; el paté gigante en forma de catedral, con algunas aves dentro; las escenas de flatulencias y malestar corporal que dejan atrás el refinamiento inicial, y, tristemente, la muerte de cada uno de los personajes, el final, triste y poético.

Ilustración de La gran comilona, elaborada con IA

La comida se filmó con detalle casi microscópico, y lo que al principio luce apetecible acaba por causar repugnancia. La gran comilona es un extenso menú de sofisticada gastronomía francesa e italiana. Ferreri encargó grandes cantidades de comida al elegante restaurante Fauchon de París y a otros proveedores.

Algunos de los platillos que devoran con particular fruición nuestros trágicos héroes, prepárese, son ostras, riñones a la bordelesa, boudin (morcilla), tuétano, codornices en brochetas con calaveras, cochinillo asado con crema de menta y melocotones, cassoulet (con salchicha y pata de pato), paté de tres aves (en forma de catedral o domo gigante), pizza provenzal (pissaladière), puré de papas, tagliatelle verdes “Andréa”, bucatini con salsa de carne, tortellini con crema de hongos, crêpes Suzette (flambeadas con Cointreau), pastel de tres pisos, omelettes, chocolate caliente, endivias crudas, pavo, piernas de pavo (usadas en escenas sexuales) y quesos, pan brioche, pasteles, embutidos

¿Y el venado? Después de que los protagonistas mueren uno a uno, un camión llega a la villa. Los repartidores descargan en el jardín grandes piezas de carne vacuna y de caza, incluyendo el venado, dejándolas colgadas o tiradas entre los árboles. Andrea es la única que queda viva y la carne nunca llega a la cocina. Al final se ven los cadáveres de los animales rodeados por los perros de la propiedad.

Fotograma de La gran comilona. Tomada de TMDB. Uso informativo

Al salir del cine me pregunté por qué estos cuatro personajes se encerraron durante un largo fin de semana con la intención de comer compulsivamente hasta el hartazgo y la muerte… ¿Sólo por tedio existencial, decadencia burguesa? Tenían todo: prestigio profesional, dinero, mujeres. ¿Por qué?

Es fácil decir que es una crítica al consumismo, a la pérdida de valores y de sentido en una época en la que la comida y el sexo se convierten en el último refugio. Hay ecos de Buñuel y de Sade, y aunque es nihilista también es extrañamente vital y cómica en su exceso, acaso una provocación contra el buen gusto.

La gran comilona no es para todos, es escatológica y repetitiva, pero también es extraordinaria, sensual, reflexiva y memorable.

(Mientras investigaba en internet para escribir este artículo vi que La gran comilona está disponible en varias plataformas de streaming: a verla otra vez…)

 

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