Primer plato

“No nací en un cazo nomás porque no se podía”

En el año 2005 entrevistamos a don Ramiro Hernández Gómez, uno de los últimos dulceros tradicionales de Guadalajara

Juan Carlos Núñez Bustillos

Ramiro Hernández. Foto: Antonio Romero

Nació el 24 de enero de 1928, en el barrio de Analco. Sus tías fundaron la dulcería Concha, una de las más tradicionales de Guadalajara. Desde niño, Ramiro aprendió su oficio y a él dedicó su vida hasta que falleció. El expendio cerró.

¿A que olía su casa?

Bien sabroso. Imagínese, mis tías se la pasaban todo el día haciendo dulces. Con el cocimiento del higo se invadía todo de ese olor, por todos los rumbos se iba ese aroma.

¿Se la pasaba comiendo dulces?

No dejo de comer dulces. Si algo quiero comer, como que digo: “pues cómete un dulcecito”. Y sí, toda mi vida he comido dulces. Dicen que uno se pone diabético, pero yo creo nomás en ciertas circunstancias agarra uno las enfermedades o se pone uno diabético, porque yo no, yo ya crecí y no me pasó nada.

¿Nació entre dulces?

Yo no nací en un cazo nomás porque no se podía (risas).

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de los dulces? 

Cuando ponía mi lumbre con ocote. En aquellos tiempos quemaban leña para hacer los dulces, después compraron carbón y al último yo metí quemadores de gas. En aquellos tiempos prendía mi lumbre porque yo hacía mis dulces para darnos nuestro gustito y también para que nos pagaran algo.

Quemaditos. Foto: JCN.

¿Cuántos años tenía?

Desde los ocho años nos empezábamos a enseñar a hacer todo. A los doce años ya iba yo a San Juan de Dios para comprar camote, lo preparaba y hacíamos nuestras pastas, pero mi papá quería que fuera sastre.

¿Por qué?

Porque él aunque también le ayudaba a sus hermanas con los dulces era muy buen sastre, pero yo le dije un día: “Una agujita y una hebrita de hilo no son para mí”. Luego me invitaron a trabajar en un taller de acumuladores y dije que sí. Entonces vi que se le salió una lágrima.

¿No siempre fue dulcero?

Yo cuento toda mi vida en esto, no cuento lo de afuera. Hubo un rato en que me salí para conocer un poco por fuera, me fue muy bien y llegué con más entusiasmo a trabajar en los dulces.

¿Cuántos tipos de dulces sabe hacer?

Casi todos los que se hacen aquí; bolitas de leche, camotitos dorados, cocadas, borrachitos, frutas cubiertas, magdalenas, arrayanes, turrón. Los de tamarindo, guayaba, naranja, limón, piña, limas, duraznos, higos, tejocotes… Muchos.

¿Cuál es él más difícil?

El turrón porque se hace batiéndolo con pala. Duraba yo hora y media batiendo en el cazo sin descansar, pero había una cosa, que me gustaba porque yo veía que mis mayores tenían bonito cuerpo, entonces no me pesaba la batida y además iba al gimnasio.

¿Para qué si ya con ese trabajo tenía?

Sí, bajaba yo solo los cazos de más de cien kilos. Nunca pensé en un resbalón y que me cayera la miel caliente encima, pero afortunadamente nunca me pasó nada. Me gustaba ver mis brazos fuertes, tenerlos grandes como las personas que hacen ejercicio, ahora ya no.

¿Además de fuerza qué se necesita?

Saberle el punto a las cosas. En las frutas cubiertas no se puede hacer cálculo de pesas ni de tiempo, lo preparamos a como lo va pidiendo la fruta. Además hay que saber escoger la naranja porque hay una muy pellejuda que queda como cuero. La lima por la forma que tiene con su bolita que tiene arriba, por no decir otra cosa, hay que limpiarle todo alrededor porque si no se hacen tiesas. Luego hay que ahuecarlas.

Mucha paciencia.

Mucha, imagínese. Había que limpiar las frutas a puro cuchillo y luego ahuecarlas de una por una, a mano, sin romper la cáscara. Sólo de naranja trabajábamos de ocho a diez arpillas por semana.

¿Pura chamba?

A mí siempre me ha gustado trabajar bien, pero también he sido deportista y muy bailador, pero no tomador. En la época de Los Panchos bailaba hasta las cuatro de la mañana y entraba a trabajar a las siete y media, ¿se imagina lo que se me armaba?

Borrachitos artesanales. Foto. JCN

¿Cuáles son los dulces preferidos por la gente?

Los borrachitos de leche.

¿Le piden dulces para llevar a otras ciudades?

Sí, se han llevado a Japón, Holanda, Cuba, España, Costa Rica… a varias partes del mundo. También a Estados Unidos, pero eso ya es como ir a San Pedro, en un día van y vienen.

¿Han desaparecido algunos dulces?

Muchos, conmigo todo lo que es fruta. La sé hacer, pero ya no la trabajo porque ya no puedo. Veo con gusto mi negocio, no me gusta verlo caer, le tengo mucho amor, si no se levanta es otra cosa, le echo la culpa a que no trabajo yo mi fruta, no produzco como antes.

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