Primer plato

Del agave tequilero, un sabroso dulce

Las pencas del agave cocido, con las que se elabora el tequila, también son una sabrosa golosina

Sergio René de Dios Corona

Agave cocido. Foto: Sergio René de Dios.

El sencillo procedimiento para saborear un pedazo de agave cocido es, primero, cortar una rebanada de buen tamaño, de preferencia alargada; después masticarla suavemente para extraer su dulce jugo, y tras concluido el rico proceso tirar el bagazo. Es un manjar natural que poco se halla en las ciudades, aunque en pueblos agaveros como Tequila, Jalisco, es más fácil adquirirlo y poner manos, o boca, a la obra.

El agave cocido se obtiene precisamente de la piña del agave tequilero luego de que sale del horno. Para obtener la bebida se trituran las piñas, se les extrae el jugo y se fermenta, en lo que un interesante proceso, sólo que algunos trozos no se convierten en tequila sino que acaban en el paladar de los paseantes.

En el pueblo de Tequila, Jalisco, fábricas como Tequila Orendáin (@TeqOrendain) organizan recorridos para explicar a los turistas cómo se produce la bebida y regalan pedazos del agave, cuyo aroma envuelve a los paseantes.

El agave como golosina. Foto: SRD.

El sabor del agave cocido es único, con ese ligero toque que le da lo tatemado. De aquel maguey verde azul que en la @rutadeltequila embellece campos, laderas y valles que surcan las carreteras libres y de cuota a los municipios jaliscienses de Tequila y Amatitán, tras el cocimiento sólo quedan trozos con tonalidades café oscuro que los conocedores buscan para endulzarse ligeramente.

El buen tequila guarda reminiscencias del sabor del agave ya matizado por los procesos de elaboración de la bebida nacional, pero atrapa la curiosidad imaginar cómo es que de aquella planta pueden generarse otros productos. Por ejemplo, a partir del agave cocido se han elaborado ricos panes en Tequila, por ahora difíciles de encontrar.

En Sixto Gorjón, la calle principal de la cabecera municipal de Tequila, se ofrecen trozos de agave cocido en la tienda Carajo’s Tequila Tours. Al lado de cientos de souvernirs que incluyen desde playeras hasta pequeñas barricas de madera, se muestran las bolsas con la dulce planta, que es ofrecida a quienes se acercan a observar los productos del negocio.

Un trozo cuesta 50 pesos, suficiente para unas cuatro o cinco personas. Lo que sigue es disfrutar ese fibroso dulce mientras continúa el paseo por el histórico pueblo mágico que, digámoslo, cada vez es una mejor opción para aprender, divertirse, pasearse, comer y beber tequila.

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