Cine

El Hoyo, una metáfora a partir de la comida

Si Blazac dice que somos lo que comemos, esta película nos revela cómo somos con los demás cuando comemos

Elba Castro

Comer no es sólo tener la posibilidad de saciar el hambre. Tampoco comemos sólo para mantener la salud. Mucho menos podemos decir que comer sea un acto individual y que nos concierne sólo a nosotros, aunque comamos en la más apartada soledad o con una actitud ensimismada.

Por el contrario, alimentarnos es un acto social del que aprendemos a vivir en una sociedad. Comiendo aprendemos quiénes somos y quiénes son los demás. Los valores de la cultura en la que vivimos se define, entre otras cosas, por la relación con la comida.

Por ejemplo, de la voz popular hemos oído: “El que come y no da, qué corazón tendrá”, o “panza llena, corazón contento” o una adivinanza que dice: “Amarilla y rosa, con semilla en granos, es fruta olorosa, ¿no gustan hermanos?”

El banquete en el primer piso.

Las sentencias nos hablan del regocijo que se vive alrededor del acto de comer, especialmente juntos, en colectividad. De acuerdo con lo anterior, la generosidad depende más de la actitud que de la abundancia. En este contexto, un acto individualista o egoísta resultaría reprochable, reprensible, al menos.

Así, la cultura nos conduce a que una necesidad básica (fisiológica) se convierta también en una necesidad social que nos asegure la existencia colectiva.

Este es el punto de quiebre de la película “El hoyo” ganadora de cuatro reconocimientos: a la mejor película en el Festival de Cine de Sitges, 2019; en la 34ª edición de los Premios Goya 2020 fue premiada por Mejores efectos especiales, además de haber obtenido otras dos nominaciones: Mejor dirección novel y Mejor guion original.

El hoyo trata de un “Centro de autogestión vertical”, prácticamente una cárcel. Los internos pueden llevar consigo un solo objeto. Goreng, el protagonista se internará por voluntad propia por seis meses, a cambio de obtener un diploma y, llevará consigo un libro. La película inicia cuando el protagonista aparece en su celda, en el nivel 48, con un compañero que porta un cuchillo, por lo que es una compañía amenazante. Él le va revelando a Goreng las reglas de la prisión.

En medio de la celda hay un hueco que genera la profundidad al hoyo, al pasar por los diversos niveles. Por este hoyo desciende una plataforma con comida, o mejor dicho un suculento banquete elaborado con gran cuidado y sin escatimar en productos que pueden considerarse lujosos. Al llegar la plataforma a cada nivel, las personas (normalmente dos) que ahí se encuentran tienen poco tiempo para comer todo lo que puedan, no deben quedarse con nada, so pena de ser (todos los internos) castigados. Así, el nivel superior come primero y el de abajo, se alimentará de lo que le vayan dejando. Los de arriba tienen la oportunidad de despreciar a quienes están en niveles inferiores, como venganza del desprecio del que algún día fueron objeto… ¿cuántos niveles son? Esa es parte de la tensión del filme. Un día, por la plataforma baja una mujer que busca a su hija y el protagonista decide ayudarla. En el proceso busca comprender el funcionamiento y el fin del sistema carcelario. Entiende que, si la niña es salvada y llevada hasta arriba, el sistema cambiará.

En esta película española, el director Galder Gaztelu-Urrutia, nos lleva hasta el terror al poner en relación la opulencia con la generosidad y la condición humana.

Esta es una ficción inteligente que nos tiene en el borde de la silla, al retar nuestra imaginación. Es una película que nos hace reflexionar y sin duda necesitaremos apoyarnos en la percepción de al menos un acompañante para digerir esta película.

Como todos los relatos, éste quizás nos proponga algunas sugerencias del momento en que vivimos. Es decir, de los retos que tenemos como sociedad para enfrentar la pandemia, toda vez que entendemos que en gran parte dependemos de la conciencia y de la solidaridad de otros.

Una película así de intensa no tendrá un final fácil, pero a esas alturas será lo de menos. Nos habremos ya de haber saciado de sus planteamientos.

Netflix, con este film, nos ofrece una opción para pensarnos y tocar nuestros límites, a pesar de todo, con cierta esperanza.

 La ficha

Actuaciones: Iván Massagué, Antonia San Juan, Zorion Eguileor, Emilio Baule y Alexandra Masangkay.

Año: 2019.

Duración: 94 minutos.

Idioma: Español.

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