Primer plato

Café Capeltic llega a Guadalajara

Una mujer chiapaneca recorre con copal el establecimiento

Familias tzeltales de Chiapas forman parte de este proyecto de comercio justo que produce y comercializa productos orgánicos

Juan Carlos Núñez Bustillos

La nueva cafetería, que se localiza en el campus del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), fue inaugurada el miércoles 12 de marzo 2014 con una ceremonia indígena dirigida por un grupo de mujeres y hombres que llegaron de las comunidades chiapanecas donde se produce el café.

Capeltic, que significa “nuestro café” en tzeltal, comercializa una parte de las cerca de 90 toneladas de grano que producen 250 productores de 65 comunidades de los municipios de Sitalá, Chilón, Yajalón, Pantelhó y Simojovel, en las montañas de Chiapas. Parte de la producción se exporta a Japón, España y Estados Unidos.

El rector del ITESO, Juan Luis Orozco Hernández, expresó su beneplácito por la apertura de la cafetería, “no sólo porque con ello tendremos aquí uno de los mejores cafés del país, sino porque en cada taza estará presente el esfuerzo de muchas personas que con su trabajo muestran que la construcción de otro mundo es posible. Esta cafetería es ejemplo de la viabilidad de proyectos económicos y sociales que no se basan en el lucro y en la explotación, sino en la cooperación y la solidaridad”. Del cafetal a la taza La cafetería es una cooperativa que forma parte de un grupo de empresas tzeltales cuyo nombre Yomol A’Tel significa “Caminando juntos”. Son proyectos que trabajan bajo el modelo de la economía solidaria y el respeto por la naturaleza.

Además de café producen artesanías, miel y jabones. El sacerdote jesuita Óscar Rodríguez Rivera, acompañante del proyecto, explicó: “Capeltic nació de la necesidad de construir una alternativa para los productores porque a pesar de ser una cooperativa que producía café orgánico, el precio que se les pagaba era muy bajo. Optamos entonces por la estrategia de agregarle valor al café hasta servirlo en taza”. Buscaron asesoría de la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México para fundar una cafetería que les permitiera comercializar directamente su producto”.

Así nació en 2010 el primer establecimiento en la sede de esa casa de estudios, en la ciudad de México. Dos años después se fundó la segunda cafetería en la Universidad Iberoamericana de Puebla. Óscar Rodríguez afirma que esta estrategia ha permitido a los productores indígenas, “zafarse de las manos del coyote y de los usureros locales, además de mejorar sus ingresos porque venderlo en taza nos permite tener un precio fijo. El café orgánico implica mucho trabajo, así que el productor recibe un precio justo no sólo por su producto, sino también una remuneración justa por su trabajo”. El proyecto cuenta también con una escuela de café en Chilón “en la que se aprende haciendo, a partir del trabajo y la colaboración”, señala un documento de la cooperativa.

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