Primer plato

Cinco mil tacos y tres borregos para los rescatistas

Tras salvarse de quedar atrapada en un elevador, Gabriela Harumi y su familia prepararon alimento calientito para los rescatistas

Marisa Núñez / El Paso

Foto: Gabriela Harumi C.

Gabriela Harumi Carrasco estuvo a punto de quedar atrapada en un elevador el pasado 19 de septiembre durante el terremoto que azotó a la Ciudad de México y otros estados. Se siente tan agradecida que decidió devolver de alguna manera esta nueva oportunidad. “Me motivó el que Dios nos libró de que quedáramos atrapadas”. Junto con su mamá, su esposo y un grupo de voluntarios ha preparado más de cinco mil tacos de canasta y tres borregos en barbacoa.

Repartieron estos alimentos a las zonas de desastre para que los rescatistas, voluntarios, policías, militares y todo el que necesitara pudieran disfrutar de un alimento caliente que ayudara a recuperar fuerzas, no sólo para el cuerpo sino también para el alma. Una pequeña recompensa a los miles de “héroes anónimos” como ella los llama, por su trabajo y entrega.

Gabriela, su madre y su esposo. Foto: GH

Entramos en contacto con ella gracias a las redes sociales. Desde la ciudad de México, Gabriela cuenta que los primeros días prepararon tacos de canasta. Aunque fue más trabajo y más costo, era necesario pues los trabajadores comieron durante días tortas y sándwiches como desayuno, comida y cena. Por eso decidieron preparar tacos de chicharrón en salsa verde, frijoles, cochinita pibil y todo acompañado por salsas.

 

“Que coman rico”

Se trata de que coman rico y no sólo comer por comer. Y por la misma razón, es decir, para que comieran variado, los siguientes días decidieron cocinar barbacoa de borrego acompañada de su respectivo consomé y tortillas.  Además, siempre regalaron refresco como bebida.

Foto: Gabriela Harumi C.

Este ha sido el aporte solidario no sólo de Gabriela y su equipo sino de muchos hombres y mujeres anónimos que han decidido apoyar con lo que saben hacer: cocinar.

En los primeras horas y días después de la tragedia, las casas de vecinos de las zonas más afectadas se convirtieron en las primeras cocinas comunitarias. Ahí los dueños abrieron las puertas de sus cocinas y comedores para preparar, calentar y distribuir alimentos a los rescatistas y voluntarios.

En los temblores de antes en Chiapas y Oaxaca se hizo lo propio. Los vecinos fueron los primeros en ofrecer una taza de café, un vaso de leche y algún taquito a quien lo necesitara.

Es por demás conocida la solidaridad de los mexicanos en épocas de desastres.  La idea es ayudar de la manera que sea y en la medida de las posibilidades. Muchos ofrecieron sus manos, otros una conexión para recargar teléfonos celulares, muchos otros hicieron donaciones en especie a los centros de acopio, otros abrieron albergues, otros ayudan con niños, atienden mascotas, donan materiales de rescate; algunos más aportan donaciones monetarias, los profesionistas ofrecen terapias psicológicas gratuitas o evaluación de ingeniería, se juntaron litros y litros de agua para beber.  Los que han decidido preparar y ofrecer alimentos y llevarlos a las zonas de desastre y albergues siguen ayudando desde sus cocinas y sus corazones.

Foto: Gabriela Harumi C.

En las noches y mañanas aparecían termos y ollas de café caliente para aguantar la jornada, siempre acompañados de galletas empaquetadas y los de mejor suerte alcanzaban una pieza de pan dulce.  La identidad de nuestra gastronomía se hace presente en todo momento. Aún los sándwiches siempre iban acompañados de chiles jalapeños en escabeche y las tortas no solo eran de jamón, sino que también de algún guiso como tinga y frijoles.  Aparecieron taqueros que llevaron su “trompo” para ofrecer tacos al pastor.  Los tamales son también una constante. Y la comida como la de Gabriela fue un bálsamo para quienes trabajaron arduamente. Nada como un sabor mexicano, un alimento caliente y una palabra de aliento al servirlo.

Existen también los comedores o cocinas comunitarias establecidas por el Ejercito, la Armada y la Marina de México dentro del Plan DN III.  Ahí se ofrece comida más elaborada. Los menús son de comida caliente y suelen incluir la muy mexicana sopa de pasta, frijoles, huevos y algún guiso de carne o pollo, arroz, café, atole, leche y aguas frescas. Estos comedores se instalaron principalmente en Oaxaca y Chiapas después del temblor del 7 de septiembre.

Hay una lista larga de restaurantes en la Ciudad de México que abrieron sus puertas para que cualquiera que necesitara pudiera pasar a comer gratis, usar el baño, cargar sus celulares o tener señal de Internet o simplemente descansar y tomarse un refresco. Siguen apoyando hasta el día de hoy y reciben donaciones para quien quiera cooperar para comprar la materia prima.

Comida caliente

Foto: Gabriela Harumi C.

Gabriela y su equipo tuvieron la oportunidad de estar muy cerca de los miles de trabajadores y ofrecerles algo de comida.  Dice que vivió momentos muy emotivos y que tiene muchas cosas por contar, pero que lo que más le queda grabado es “ver el rostro de cada militar, federal marino y héroes anónimos en los escombros, agradecidos por la comida calientita”.

Para esta mujer, la labor no termina. Ya pasó la emergencia inmediata pero ahora quedan miles de personas a quienes hay que ofrecer comida también. “Ahora iniciaremos con los albergues. Nos pueden ayudar con dinero para comparar los ingredientes y preparar los alimentos. La cuenta es Bancomer #0458893543 a nombre de Josefina Carrasco Rubio”.

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