Primer plato

La sabrosa sabiduría de Rafael del Barco

Los textos sobre gastronomía que Juan Pablo Rosell publicaba bajo el seudónimo de Rafael del Barco están llenos de sabor y de saber

Juan Carlos Núñez Bustillos

Foto: cortesía de la familia Rosell Romo.

Saber y sabor son palabras emparentadas. Descienden de la misma abuela, de la palabra latina sapere. Rafael del Barco lo decía y lo saboreaba. Como el buen anfitrión que siempre fue, convocaba a estas palabras primas a reunirse en sus escritos, en su cocina y en sus amenas conversaciones.

Los textos sobre gastronomía que Juan Pablo Rosell publicaba bajo el seudónimo de Rafael del Barco, resultaban tan apetecibles para sus lectores por eso, porque estaban llenos de sabor y de saber, porque como el gran cocinero que era sabía equilibrar los ingredientes y sazonarlos con el toque insustituible de su inteligencia y sensibilidad.

Cada semana, primero en el periódico Siglo 21 y después en Público, Rafael del Barco publicaba artículos que se distinguieron de las secciones culinarias de otros medios porque iban más allá de la mera presentación de recetas.

En sus textos, la cocina era un espacio de encuentro para hablar también de otras cosas; historia, ciencia, viajes, salud, idiomas y muchos otros temas.

Juan Pablo, con su cuerpo grande y algo chueco, era como una enorme y fascinante biblioteca de la que no surgían datos curiosos para deslumbrar a la concurrencia, sino información pertinente que como las especias bien puestas realzaban los sabores de su decir.

Foto: cortesía de la familia Rosell Romo.

Era su sabiduría vital, no era sólo un saber saber sino, sobre todo, un saber estar.

Semanalmente publicaba también sus puntos de vista sobre restaurantes. En sus críticas supo combinar la claridad y la contundencia de sus juicios con la cortesía y la caballerosidad.

La franqueza es una cualidad que siempre apreció y practicó. Como comensal renegaba de los platos con nombres rimbombantes o servidos con mucha parafernalia si en ellos los sabores no eran auténticos. Como escritor, optó siempre por el lenguaje directo y preciso. Apasionado por el buen uso de la lengua, no sólo para saborear los alimentos que tanto disfrutó, sino para expresar el saber, rehuía de las frases rebuscadas al tiempo que perseguía con obsesión el dato preciso.

Esta exigencia por el ejercicio de un periodismo honesto y de calidad que compartía generosamente con sus colegas, lo constituyeron además como un gran maestro de muchos reporteros.

Seguir su ejemplo parece sencillo: para cocinar un texto o para escribir una receta hay que utilizar ingredientes de calidad, trabajar con pasión y honestidad, ser creativo, indagar, experimentar y aprender.

Alcanzar su maestría es mucho más difícil. Hay que adquirir la sabiduría que tuvo Juan Pablo para cocinar su propia vida y la de los demás, con sabor y con saber.

Nota: Este texto fue publicado originalmente en la revista “A vuelta de rueda”, en febrero de 2011, como un pequeño homenaje a Juan Pablo Rosell, por su ejemplo y sus enseñanzas. Gracias a la generosidad de su familia, próximamente publicaremos en Jaliscocina algunos de sus textos. Un honor para nosotros y un espléndido regalo para quienes nos leen.

 

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