Primer plato

Aguacate, una historia agridulce

Sorprendió a los conquistadores y se convirtió en emblema nacional. Es gran negocio, pero genera daños ambientales

Juan Carlos Núñez Bustillos

Foto: Juan Carlos Núñez B.

El aguacate es “la mejor fruta que hay en la Nueva España en sabor y virtud”, escribió a mediados del siglo XVI fray Antonio de Benavente, uno de los primeros franciscanos que llegaron en 1524 a lo que hoy es México.

El asombro de los españoles que arribaron hace cinco siglos a estas tierras para ellos desconocidas quedó plasmado en diversos documentos. Descripciones de ciudades, de la gente, de las costumbres, de la flora y fauna “exóticas” aparecen en múltiples cartas y relaciones. Fray Toribio de Benavente, quien luego elegiría para sí el nombre náhuatl de Motolinía (el que es pobre o afligido) escribió profusamente sobre el mundo que se le revelaba.

Foto: Secretaría de Desarrollo Rural de Jalisco.

Pionero de los cronistas de la Nueva España se refirió así a lo que hoy se considera uno de los ingredientes emblemáticos de México: “Entre muchas frutas que hay en estos montes y en toda la Nueva España, es una que llaman ahuacatl; en el árbol parece y así está colgado como grandes brevas, aunque en el sabor tiran a piñones. De estos ahuacates hay cuatro o cinco diferencias: los comunes y generales por toda esta tierra, y que todo el año los hay, son los ya dichos que son como brevas, y de éstos se ha hecho ya aceite, y sale muy bueno, así para comer como para arder; otra hay tan grandes como muy grandes peras, y son tan buenos, que creo que es la mejor fruta que hay en la Nueva España en sabor y virtud”.

El libro “Relaciones de la Nueva España”, editado por la UNAM, recupera el testimonio de fraile que añade: “Hay otros mayores que son como calabazas pequeñas y estos son de dos maneras, los unos tienen muy grande hueso y poca carne, los otros tienen más carne y son buenos. Todos estos tres géneros de grandes se dan en tierra bien caliente. Otros hay muy pequeñitos, poco más que aceitunas cordobesas; y de este nombre pusieron los indios a las aceitunas cuando acá las vieron, que las llamaron aguacates pequeños”.

Foto: Juan Carlos Núñez B.

Rosalía Chavelas, en el libro ilustrado “El Aguacate”, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, afirma que este fruto “fue uno de los alimentos que integró la dieta de los antiguos habitantes del valle de Tehuacán, Puebla, quienes 4,900 años antes de nuestra era ya lo consumían junto con el maíz, el frijol, el chile y la calabaza. Por la antigüedad de los restos vegetales en dicha zona, se considera originario de México”.

El nombre de este fruto que ha conquistado al mundo es de origen náhuatl. “Proviene de ahuacacuáhuitl, de ahuácatl, testículo, y cuáhuitl, árbol, nombre que se le dio por la forma de su fruto, que se conocía simplemente como ahuacátl”.

El escritor Paco Ignacio Taibo I, con su característico humor, se refiere a este hecho en su libro “Encuentro de dos fogones”. Dice: “Los aztecas, habiendo advertido su conformación, lo llamaron testículo de árbol, aun cuando su tamaño habitual está por encima del humano”.

Foto: Juan Carlos Núñez B.

El aguacate se reconoce desde aquellas ancestrales épocas como un alimento no solamente sabroso sino también nutritivo. Volvamos a Benavente quien refería en su relato: “Esta fruta es tan buena que se da a los enfermos; de éstos se abstenían los indios en sus ayunos por ser fruto de sustancia. Digo de todos estos géneros de aguacate, cómenlos los perros y los gatos y mejor que gallinas; porque yo he visto que después de un perro harto de gallina darle aguacates, y comerlos de muy buena gana, como un hombre harto de carne que come aceituna”.

Cuatro siglos después, Chava Flores, el cronista musical de la Ciudad de México coincidía para decirlo, a su modo, en una canción que le dedicó y que dice: “El aguacate de hueso café la mantequilla del pueblo lo fue”.

Diversas son también desde entonces y ahora las propiedades medicinales que se le atribuyen. Decía Fray Toribio de Benavente: “El árbol es tan grande como grandes perales: la hoja ancha y muy verde, huele muy bien, es buena para agua de piernas y mejor para agua de barbas”.

En la actualidad, la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana de la UNAM señala que el aguacate, cuyo nombre científico es Persea americana Mill, se utiliza “para el tratamiento del dolor de estómago”.

El guacamole

Foto: Secretaría de Desarrollo Rural de Jalisco

Como producto comercial, el aguacate es uno de los productos estrella de las exportaciones mexicanas y una fuente importante de ingresos para el país. De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) solamente durante el mes de enero de este año las exportaciones de aguacate mexicano a 22 países del mundo generaron 223 millones 285 mil dólares. De acuerdo con esta misma dependencia, en febrero de este año se exportaron a Estados Unidos cien mil toneladas de aguacate que se consumieron durante el Super Bowl. Por ello, se le ha denominado el oro verde.

Foto: Marisa Núñez B.

Es el aguacate el ingrediente central de uno de los platos mexicanos más conocidos en el mundo: el guacamole. El poblado jalisciense de Concepción de Buenos Aires obtuvo este año el Récord Guinness por la elaboración del guacamole más grande del mundo, fueron casi tres toneladas.

Sin embargo, el éxito del aguacate tiene también sus problemas. Miles de hectáreas de bosques son devastadas para cultivar estos árboles. Agustín del Castillo, periodista experto en temas ambientales, señala que 40 mil hectáreas de bosques naturales están amenazadas por huertos aguacateros.

“El problema es que su transformación al exitoso cultivo que es campeón en exportaciones a Estados Unidos y la Unión Europea, llevaría a una pérdida ambiental de gran calado, pues las investigaciones más serias demuestran que además de destruir biodiversidad por tratarse de un monocultivo y de contaminar el agua por el uso de agroquímicos, una plantación aguacatera tiene un potencial de apenas un séptimo de la captura de carbono de los bosques de coníferas, es decir, no es una respuesta verdadera al cambio climático”, afirma.

 

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