Humor

Yo también me enfadé de tu amor vegano

“Andabas muy enchilada, pero no hay caldo que no se enfríe. Vas a ver que al rato se te van a quemar las habas por volver conmigo”

Juan Carlos Núñez Bustillos

Limón. Foto: Juan Carlos Núñez B.

Ay sí, te crees muy salsa con la carta en que me mandaste a freír espárragos. Pero el pez por su boca muere y de lengua me como un taco. Andabas muy enchilada, pero no hay caldo que no se enfríe. Vas a ver que al rato se te van a quemar las habas por volver conmigo y te vas a acordar de cuando te servías mi amor con la cuchara grande, pero ya no va a haber para ti.

Creíste que yo era como el nopal, entre más grande, más baboso. Pero nel pastel porque te salí como el vino: entre más viejo, más bueno. Pregúntale si no a la chaparrita cuerpo de uva de la cafetería que cada vez que me ve me da picones con nuez. Y tú, que ciertamente estabas como mango, ya no te cueces al primer hervor, aunque me llegó el run run de que el panadero me anda queriendo hacer de chivo los tamales.

Guajes. Foto: Juan Carlos Núñez B.

Ya sabes que yo hablo al puro chile, para qué nos hacemos guajes. Lo nuestro había caducado hacía mucho tiempo. Yo eché toda la carne al asador para mantener nuestro amor, pero valió puro queso. Eras mi media naranja y te volviste frijol con gorgojo. Amarguita, amarguita. Reconozco que yo tampoco soy un terrón de azúcar, pero tú fuiste muy cruel y cada vez le echabas más chilito a mis heridas.

La culpa de todo esto la tiene tu hermana. Sí ya sabes cuál, la albóndiga con patas. Esa que se cuelga hasta el molcajete y se creé la última coca en el desierto. La que se la pasa chismeado y cuando habla parece hervor de frijoles. Esa jija del maíz, que es chile de todos los moles, nomás se la pasa espolvoreando rumores y se mete hasta la cocina en cualquier lugar al que va.

Ella fue la que te calentó la cabeza. Pensaste que tenías el sartén por el mango y que me agarrarías con las manos en la masa, pero no pudiste porque nunca amasé nada (todavía). Ella fue la que te dijo que yo andaba de chile frito, pero no era cierto. Y tú le creíste, me la hiciste de jamón y me pusiste como camote, sin razón.

Camote del cerro. Foto: Sergio René de Dios.

Me querías ver pariendo chayotes. Pensaste que me iba a hacer rosca, zacatito pa’l conejo. Estabas segura de que me retorcería como lombriz en comal, que me iba a cortar las venas con una galleta de animalitos, pero ya viste que no, porque soy chiquito, pero picoso. Y, sobre todo, porque los chismes de tu hermana eran pura espuma de leche hervida. Nada.

Pero ya ves, resulta que yo también ya me enfadé de tu amor descafeinado, vegano, desabrido. Me vale una pura y dos con sal lo que pienses de mí. Así que la tuya en vinagre, come torta con tu hermana la gordota y botellita de Jerez todo lo que digas será al revés.

Ahora soy yo el que te dice adiós. En tu carta me escribiste: “Concédeme el gusto, el placer de mirarme, montada en este brioso pero noble caballito de tequila, libre ya de ti, de mis ilusiones, de mis inútiles anhelos”. Yo, como no soy poeta, nomás te digo que me voy a echar un chinguirongo a tu salud para celebrar que tronamos como ejote. El muégano que algún día formamos se fermentó en la despensa, se nos quemó en el congelador de la indiferencia y es ahora en un par de huevos divorciados.

Así que ahí la Bimbo. Me voy porque dejé un bollito en el horno y voy a ver si ya esponjó.

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