Primer plato

El huarache, un rico platillo polifacético de la cocina mexicana

Mientras la tortilla abraza los alimentos, este elíptico sope los desparrama en su lomo. Desde sólo salsa hasta moronga o costilla

Sergio René de Dios

Huarache con frijoles. Foto: Sergio René de Dios.

¿Qué se le puede colocar encima a un de por sí sabroso huarache? Sí, a ese sope alargado relleno de frijoles fritos con aceite o manteca. A ese popular platillo, una de las múltiples variantes en que se transforma la masa surgida de los granos del maíz mexicano. A esa figura geométrica comestible, semejante a una elipse, que se extiende en un plato para disfrutarse porción tras porción. A esa delicia que toma su nombre del calzado de los campesinos del país que siembran las espigadas milpas, de las que brotarán los elotes.

Aclaremos antes que el huarache es primo hermano de la tortilla, sólo que más grande, de mayor grosor, relleno de frijoles y de diferente forma. Mientras la tortilla abraza o carga los alimentos, el huarache los desparrama en su lomo.

Pero volvamos a la pregunta, ¿qué se le puede colocar a un huarache? La respuesta es concreta: todo. Cualquier ingrediente es posible de ponerse encima. Es al gusto. El sope es la plataforma ideal para añadirle lo que el paladar del cocinero o el comensal consideren adecuado. Sólo que, en el caso de la Ciudad de México, donde más abundan las fondas y negocios que venden huaraches, se colocan las porciones de lo que se antoje.

Solo que vale reiterar una aclaración: el huarache es altamente disfrutable en su presentación sencilla o tradicional, que consiste en solo desparramarle encima una salsa verde o roja y cebolla cruda picada. De ahí en adelante, lo que se le añada extra queda al gusto.

Huarache con queso. Foto: SRD

¿Qué más se le puede agregar? Tomemos como ejemplo lo que ofrece en su carta la fonda Antojitos Carlo’s, de la colonia Santa Rosa de Lima, en la Ciudad de México. Como posibles ingredientes extras tiene a disposición de los comensales crema, huevos revueltos o nopales cocidos. Son, diríamos, lo básico. De ahí en adelante se pueden agregar longaniza, longaniza con queso, pollo, pollo con queso, bistec solo o con queso, y quesillo. Los mexicanos somos quesívoros, se puede advertir.

También se pueden añadir costilla en salsa, tocino o chuleta. De hecho, el huarache es una comida completa, pues la fonda ofrece una porción de arrachera, papas y nopales, y lo mismo, pero con un extra de quesillo. O bien, pechuga de pollo con papas y nopales, a lo que se puede sumar quesillo.

El huarache mexicano da para cualquier comida. Hay quienes solicitan que a la versión sencilla se le añadan champiñones, por ejemplo; o frijoles refritos o de la olla, chicharrón en salsa verde o en salsa roja, boronas de chorizo, rajas de chile, moronga, etcétera. Lo que se tenga a la mano. Esa maravilla gastronómica llamada huarache es la compañía ideal de lo que se quiera. Es un rico platillo polifacético de la cocina mexicana. Un camaleón de los colores, sabores y aromas.

También podría gustarle

No hay comentarios

Dejar una respuesta