Libros

El mejor libro de cocina

Esta es la historia de un recetario que comenzó una gran mujer y que siguen tejiendo muchas personas queridas

Juan Carlos Núñez Bustillos

Recetario de Nené Ortiz. Foto: JCN

De todos los libros de cocina que tengo hay uno que es muy especial. No sólo por las deliciosas recetas que contiene, sino porque está escrito por muchas manos queridas que mezclan por igual ingredientes que letras. La historia comenzó en Madrid, en 1993.

Viví en la capital de España ese un año como estudiante. Casi todos los sábados, la familia De la Riva Ortiz, mi familia de allá, me invitaba a comer. Durante toda la semana esperaba con ansia ese día para disfrutar de una larguísima conversación alrededor de deliciosos platos.

Receta escrita por Nené.

Nené Ortiz, de quien ya les he contado, era una excelente cocinera además de una persona que desbordaba cariño. El día en que nos despedimos porque yo regresaba a México, me sorprendió con un entrañable regalo: un libro que tituló “Recetas de la cocina española y familiar”, escrito a mano por ella misma.

En una preciosa libreta, también hecha a mano, me escribió con su letra de artista: “Para mí, guisar es un acto creativo, un acto del corazón. Siempre guiso para la gente que quiero y les expreso a través de la cocina que me gusta ser capaz de alimentarlos, de cuidarlos. Si además de esto puedo proporcionarles el placer de los buenos platos, de la alegría que brota cuando hemos comido bien y en buena compañía, ya resulta perfecto”.

Nené Ortiz. Foto: Fernando de la Riva.

Tortilla española, judías pintas, cocido madrileño, patatas a la riojana, croquetas y paella son algunas de las recetas que me escribió. Las adornó con recortes de grabados antiguos y algunas flores y plantas disecadas. Además, incluyó algunos trucos de cocina.

Al final de sus recetas me escribió: “Aquí termino, podrás seguir si tú quieres con tus propias recetas y recuerdos…” A la libreta le quedaban todavía muchas páginas en blanco.

Aquí no termina la historia.

Durante muchos años no me atreví a escribir nada en la libreta. Me parecía un sacrilegio añadir cualquier cosa más. Temía echarla a perder con mi letra o añadiendo recetas sin historia. De manera que durante algún tiempo no me animé a escribir nada. La revisaba de cuando en cuando para buscar alguna receta.

Hasta que un día tuve una revelación. Recordé que Marisa mi hermana tiene una libreta de autógrafos donde coleccionó los mensajes de las muchas personas que visitaban la casa de nuestros padres.

Receta de Beatriz Rosette

Decidí entonces pedirle a la gente querida que visita mi casa que anote una receta en el libro que me escribió Nené. Es una maravilla. Con los años, son ya muchas decenas. Hay de todo. Desde un mole de cacahuate, un filete con espárragos o unos molletes de queso azul y almendras tostadas hasta la receta del agua de limón, un lonche de panela o un simple .

Porque lo importante aquí no es la comida sino la amistad puesta en las letras. Así que quienes no cocinan me escribieron, por ejemplo, un elogio a la lata de atún, cómo servir el cereal de cajita por la mañana o lo práctico que pueden ser los productos congelados.

Los más poéticos escribieron fórmulas para el amor o la “Sopa no me olvides” cuyo primer paso que comienza así: “Se junta un poco de memoria con algún cariñito. Se dejan reposar como 50 años. En un reciente parte se fríe una cucharadita de paciencia…”. Algunos adornaron sus recetas con dibujos.

Receta de Claudio Hinojosa.

Algunos revelaron secretos de la cocina familiar. Otros comparten las delicias de su tierra: repollo con camarones estilo Tamaulipas, grostl tyroles, pupusas salvadoreñas, gallo pinto nicaragüense, rosquillas de Somoto, pollo cubano, ceviche peruano, tacos de pescado de La Paz o Roschti suizo – alemán.

Así que busque la libreta más bonita y pida a sus seres queridos que le escriban una receta. Será el mejor libro de cocina que pueda tener.

Con la ventaja de que es interminable porque siempre habrá a quién querer.

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