Recetario

Niño envuelto, buen pretexto para la interacción familiar

Los más pequeños pueden participar en la preparación de este sencillo y sabroso antojo para propiciar la convivencia

Beatriz Rosette Ramírez

Niño envuelto. Foto: Sergio René de Dios.

En el infinito universo de la cocina no solamente se elaboran los alimentos, sino que también se enlazan las mejores interacciones familiares, aún en la preparación; “ahí se genera un espacio íntimo de conversación y los mejores acercamientos”, decían mis matriarcas mamá y abuela.

La manera en que nuestros ancestros cocinaban en la casa materna, es lo que consideramos nuestra comida. Sin embargo, no es necesario elaborar un platillo complicado, más bien se trata de la convivencia amorosa que suscita el reunirse, en el recinto de la cocina.

Instalarse en la atmósfera de los olores, sabores y sonidos nos hacen sentir contentos, protegidos; en casa. Refugio en el que generan los elementos básicos para el desarrollo de un individuo, con las mejores pizcas de afecto, la porción exacta de apego y otros ingredientes para que se dé la fusión de las buenas comidas y los necesarios ajustes de la convivencia familiar que más tarde evocarán agradables imágenes.

Sabroso entremés. Foto: SRD

Cuando la familia acude con viejos abuelos y no hay preparado nada, se toma el recurso de esas bendiciones de comidas improvisadas. Con los hijos en pleno, se prepara por la tarde un “niño envuelto” a petición de los niños. En la alacena siempre guardamos, los paquetes de pan en rebanadas.

Las manos tiernas de los niños sacan ya 16 piezas de pan de caja, y les van quitando las orillas, en tanto se abre una riquísima conversación; mientras se mezcla queso crema con una mínima dosis de mayonesa y dos cucharadas de crema y una ligera porción de caldo de chile jalapeño. La misión es crear una mezcla espesa que sea untable fácilmente. Enseguida llegan a la mesa de preparación las rosadas rebanadas de jamón, lo mismo que el queso amarillo, las zanahorias curtidas; y de pronto se acercan también, las rajas del infaltable chile jalapeño.

La fiesta ha comenzado

Para los nietos es un placer juntar las piezas de pan y hacer una “cama”, que implica extender dos líneas de pan, sin dejar huecos. Procuran poner retazos de pan con orilla desde arriba, con la intención de resguardar los rellenos. Posteriormente depositan el aderezo de quesocrema, mayonesa y crema y caldo de chiles. Paso seguido, agregan de manera minuciosa el jamón, queso amarillo, zanahorias; y de forma estratégica colocan las rajas de chiles.

Un rollito de sabor. Foto: SRD

A continuación, los niños se encargan de hacer un rollo; que al parecer les resulta divertidísimo, ya que cuidan celosamente que no se salgan los rellenos; con esta acción la definen como envolver el niño, la depositan en una charola y ya está….

Por último, lo llevan al refrigerado por un espacio de 30 minutos, para que esté firme y se pueda cortar. En tanto se elige la película que van a disfrutar, en compañía de toda la familia, degustando esa vianda que preparamos entre todos; generando en la cocina las mejores convivencias que más tarde serán parte de los agradables recuerdos guardados en un archivo de la mente… y, claro, también del estómago.

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