El Caldero

Pan de muertos

Del archivo de Rafael del Barco, este relato y la receta para preparar la perfumada confección adornada con huesos y lágrimas

Rafael del Barco

Pan de muerto. Foto: Juan Carlos Núñez

La tradición del pan de muertos no muere porque la noche del 31, los chiquillos, disfrazados de brujas y brujos, luego de pedir dulces en las casas del vecindario a la manera gringa, meriendan, en las suyas, un fragante chocolate acompañado del dulcísimo y perfumado pan tradicionalmente adornado con huesos y lágrimas.

A mí no me parece que la importación de costumbres vaya a desplazar o desplace las tradiciones mexicanas. Santa Claus no ha podido con los reyes Magos y el Niño Dios. Tampoco una calabaza de plástico y un disfraz de bruja serán capaces de eliminar nuestra riquísima y ancestral costumbre de festejar a la muerte con comida, dulces y calaveras de azúcar con nuestro nombre en la frente.

Calaveritas de azúcar. Foto: J.C. Núñez B.

Hace años, un dilectísimo amigo, el arquitecto Luis Sube, un poco enojado por la irrupción del Halloweeen en la vida de sus hijas, discurrió una original manera de pasar la víspera de Todosantos, el famoso día de las brujas. Luis y su esposa Ana y otros padres de familia del Colegio Pierre Faure, organizaron una visita al panteón de Belén.

La visita fue todo un éxito. Los chicos no salían de su asombro al escuchar las historias macabras del encargado del camposanto y, fieles a la tradición de todo visitante nocturno a un cementerio se mantuvieron firmes, sin una sola baja, hasta después de la medianoche.

Desgraciadamente esta entrega aparecerá justo el día 31 y quizás no tenga usted tiempo de preparar una salida similar como la que le conté. Pero si logra hacerlo, vaya bien avituallado con chocolate caliente y un exquisito pan de muertos como el de la receta que sigue.

La receta

450 gramos de harina; 15 gramos de levadura; 100 gramos de azúcar; 100 gramos de mantea; 3 huevos enteros; 7 yemas; ¼ de cucharadita de sal; 2 cucharadas de agua de azahar, 3 cucharadas de té concentrado de anís; 1 cucharada de cáscara de naranja rallada.

Pan de muerto. Foto: Juan Carlos Núñez

La levadura se deshace en media taza de agua tibia y se le agrega un poco de harina para formar una masa homogénea. Se forma una bola, se deja junto al calor de la estufa hasta que doble el tamaño.

Con la harina cernida con la sal y el azúcar, se forma una masa con dos huevos enteros, las siete yemas, la manteca y los demás ingredientes. Se amasa golpeándola contra el mármol. Se le incorpora la bola levada con la levadura y se vuelve a amasar cuidadosamente hasta dejar todo incorporado. Se unta de manteca y se deja reposar hasta que doble su tamaño.

Para hacer los panes se aparta una pequeña porción de la masa con la cual hacer los adornos que son figuras en forma de hueso y lágrimas que se forman y se pegan con el huevo restante: una bola pequeña en la parte superior, cuatro huesos y lágrimas alrededor del pan.

Los panes se ponen en una charola engrasada y se hornean a fuego moderado durante 30 o 40 minutos. Una vez cocidos, se barnizan con una cocción fría de harina y agua (125 mililitros de agua y una cucharada de harina, que se cuece hasta espesar y se bate hasta enfriar). En cuanto reseca un poco, se barnizan con un poco de huevo y se espolvorean con azúcar granulada. Provecho.

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