El banquetazo

Comer en Puebla, un mosaico de sabores

En unas cuantas cuadras hay desde puestos callejeros hasta sofisticados restaurantes donde se disfrutan deliciosos platillos

Juan Carlos Núñez / Puebla

Enchiladas tres moles de El Mural. Foto: JCN

Puebla es una de las ciudades del país donde es muy fácil encontrar verdaderas delicias con una gran variedad de opciones y precios. Cuna de algunos de los platillos nacionales más emblemáticos como los chiles en nogada y el mole poblano, la gastronomía de esta ciudad se disfruta lo mismo en un puesto callejero que en elegantes restaurantes. Además, sus exquisitas golosinas llenan los establecimientos de varias cuadras en la calle de los dulces.Un fin de semana no basta para saborear las distintas opciones, ni siquiera del primer cuadro de la capital. Hay otras localidades famosas por su cocina como Atlixco, Zacatlán y Cuetzalan.

Gusanos de maguey. Foto: Juan Carlos Núñez B.

Por eso vale la pena ir y volver a Puebla una y otra vez para ir disfrutando de su gastronomía. Además, es una de las regiones de México en la que los platillos de estación son más marcados.

Platos como el huaxmole de cadera, los gusanos de maguey, los chiles en nogada y los molletes poblanos son de temporada.

El buen viajero incluye en sus recorridos la gastronomía de manera que se pueden hacer planes para cansarse visitando museos o paseando por las calles para después descansar en un buen restaurante conversando y disfrutando los platillos.

 

Fideuá de la Conjura. Foto: Juan Carlos Núñez.

Por ejemplo, la visita al Museo Amparo (tenía un excelente restaurante que desafortunadamente cerró) se puede coronar con una comida en La Conjura, casa de comidas lentas. Es un restaurante de cocina española y poblana que localiza a la vuelta de este centro cultural. Los arroces y el fideuá son dos de sus especialidades, además de una variedad de platos que incluyen una gran diversidad de maneras de preparar el bacalao hasta, con un poco de suerte, venado.

A una cuadra de la Catedral de Puebla se localiza el restaurante el Mural de los poblanos que ofrece platos tradicionales de la cocina regional elaborados con sofisticación y maestría.

Moles de El Mural de los Poblanos. Foto: JCN.

Sus moles son excelentes y se pueden probar tres diferentes en una orden de enchiladas o un poco de cada uno en una degustación. Una de sus especialidades son los platos de temporada. A partir de marzo y hasta agosto se pueden probar platillos elaborados con diversos insectos. En julio, agosto y septiembre los chiles en nogada y, entre octubre y noviembre el huaxmole de caderas y espinazo.

La Casa del mendrugo es una casona con siglos de historia que fue remodelada recientemente. Ahí se encontró el entierro más antiguo de la ciudad de Puebla que data de hace 3,500 años y que puede apreciarse ahí mismo, pues la casa incluye un museo.

En el agradable patio se pueden disfrutar diversos platos de comida poblana e internacional.

Estos tres son sólo una muestra de la amplia variedad de restaurantes en forma donde vale la pena sentarse con calma un buen rato a disfrutar la comida y el ambiente.

Si quiere algo más informal, el salón Corona, justo en contra esquina de la Catedral es una buena opción. Tacos y tortas son algunos de los platos más populares. Muy recomendable son los de pavo que preparan ahí mismo. También caseros son los chiles chipotles y los chiles jalapeños en vinagre que dan un toque muy especial a las botanas y platillos que se ofrecen. Además, preparan mariscos. El caldo de camarón es un delicioso reconstituyente para después de una caminata.

Taco árabe de la Oriental. Foto: JC Núñez.

Los tacos árabes se encuentran en diversos locales. La carne cocinada al carbón en enormes trompos y servida sobre pan pita es una delicia. Los que probamos en La Oriental estuvieron excelentes.

En un rincón del Pasaje del Ayuntamiento se encuentran los tacos “El Pasaje” de doña María Juaquina, que se ofrecen desde hace más de 50 años. Su menú es original.

Sobre una tortilla enrollada como cono se sirve una capa de arroz o de papas a la que se agrega generosamente una variedad de opciones: chile relleno, pata de cerdo capeada, barbacoa adobada, mollejas, chicharrón, lengua envinagrada, chipotle con queso, pechuga con papas, rajas poblanas, chorizo con papas, bistec de res, chorizo con huevo o riñones en escabeche… Son tacos enormes que se comen de pie y cuestan 27 pesos.

Taco de pata de puerco de El Pasaje. Foto: JCN.

A una cuadra de ahí está la calle 5 de mayo. Es peatonal, llena de gente y comercios. Ahí se pueden encontrar a jóvenes que venden empanadas de hojaldre con rellenos dulces y salados y a mujeres que en anafres preparan las chalupas poblanas: tortillas pasadas por aceite y cubiertas de salsa verde o roja a las que se añade pollo o cerdo, además de quesillo, cebolla y cilantro. Uno de los platos más típicos de la ciudad.

Las cemitas son otro de los platos típicos y accesibles. Se encuentran lo mismo en los restaurantes más caros que en fondas y mercados. Son una especie de torta o lonche. Se preparan con unos bollos redondos que se rellenan con una diversidad de opciones como milanesa, quesillo o pata de res en vinagre. Llevan pápalo una hierba fresca y olorosa con la que el fuereño debe tener precauciones pues en abundancia puede resultar fuerte.

Pizza de mole Poblano en Vittorio’s. Foto: JCN.

Para cenar hay también muchas opciones. Una muy recomendable se localiza en los portales frente al Zócalo. Es el restaurante Vittorio’s que ofrece una interesante variedad de platos que van desde los más regionales hasta los italianos. Hay algunos híbridos que resultaron muy interesantes como la pizza de mole poblano.

Si cena poco, los churros La Catedral, situados justamente atrás del imponente templo, son una buena opción. Eso sí. Hay que hacer fila porque el delicioso antojo recién hecho, calientito y crujiente atrae a mucha gente.

Para desayunar, el restaurante del Hotel Colonial, situado justo en frente al templo de la Compañía es una gran opción. Los huevos estrellados con mole poblano son una buena manera de comenzar el día con la energía necesaria para caminar la ciudad.

La tradición dulcera es otra de las maravillas de Puebla. Las golosas recetas de los conventos se extienden por la calle de los dulces. Además de los famosísimos camotes, las tortitas de Santa Clara, galletas cubiertas con una pasta de pepita de calabaza tienen un sabor que no se encuentra en otros lugares.

Dulces poblanos. Foto: Juan Carlos Núñez B.

Con la semilla molida de la calabaza se preparan también diversos dulces, algunos de ellos con forma de palomas y pajaritos tan bien hechos que uno se resiste a morder esas dulces figuras. Hay, además, una gran variedad de azucaradas confecciones.

No se puede ir de Puebla sin haber probado el mole poblano y, cuando es temporada, los chiles en nogada. Estos dos platillos se ofrecen prácticamente en cualquier restaurante y fonda de las muchas que abundan en la ciudad y en los comederos localizados en frente del templo de San Francisco.

Todas estas opciones y muchísimas más se localizan en el primer cuadro de la ciudad, a pocas cuadras unas de otras. Por eso, ir a Puebla es garantía de comer muy bien.

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