Primer plato

Gastronomía en tiempos de pandemia

La forma social de comer se reestructura a partir del confinamiento. En la mayoría de los casos se vuelve a lo básico

Marisa Núñez

Experimentar nuevas recetas. Foto: JCN

La pandemia que nos ha venido a revolucionar la forma de ver y vivir en sociedad también ha trastocado al asunto gastronómico ya que al ser un acto esencialmente sociocultural queda claro que no es excepción. La presencia del coronavirus ha transformado a la cultura gastronómica desde lo más íntimo como es comer en casa, hasta lo macrosocial como ha sido la reinvención de la forma en que operan distribuidores, restaurantes, fondas, puestos callejeros y demás.

En primer lugar, hay que decir que la forma social de comer se ha tenido que reestructurar a partir del confinamiento y en la mayoría de los casos se regresa a lo básico, a lo de antes, a cocinar y comer en casa en lugar de comer en la calle.  Las cafeterías de las empresas y escuelas, los restaurantes aledaños a las oficinas, las salidas al helado o al café han desaparecido o menguado por ahora.

Ensalada oriental de berros. Foto: JCN

Para los que siempre han cocinado en casa este se ha vuelto un momento de experimentar nuevas recetas, de ser más creativos, en algunos casos tratar de comer diferente, por ejemplo, cocinar más sano o hacer repostería, cosa que con regularidad no se practicaba y que ahora el tiempo permite.

A los que no les gusta cocinar y nunca lo han hecho, el confinamiento los ha obligado a acercarse a la cocina, a experimentar, a conocer los procesos básicos del acto de preparar los alimentos;  a ver, tocar, oler los ingredientes y ver cómo van transformándose a medida que avanza la receta; a entender y aplicar una nueva habilidad a su vida y aunque pueda ser que siga sin gustarles y no lo hagan de manera regular de seguro después de este tiempo verán a la cocina de manera diferente.

Rotolata. Foto: Cortesía Hostería del Ángel

Las redes sociales se han llenado de recetas y tutoriales de hombres y mujeres que generosamente regalan sus recetas para que los demás aprendan. Por ejemplo, Ángel Cervantes de la Hostería del Ángel que nos revela cómo prepara de su deliciosa Rotolata. También se llenan de gestos solidarios al compartir la idea del trueque o del apoyo a los negocios locales y familiares, de solicitudes de ayuda por ejemplo para el señor que vende nopales de su cosecha en tal punto de la ciudad, la señora que vende pitayas y que antes pasaba de casa en casa y ahora se ha puesto en un lugar fijo, al viejito que vende dulces o frutas o el llevar comida a quien no puede cocinar.

Para muchos cocinar en casa ha traído los beneficios de comer más sano y hasta han bajado de peso, para otros el estar encerrados y tal vez con algo de ansiedad los ha hecho comer más y han subido de peso.

Todas estas cosas, que ya se hacían desde antes, pero que ahora se han multiplicado muestran nuevas narrativas de la configuración social y cultural alrededor de la comida. La solidaridad se ha vuelto necesaria, y no es que antes no lo fuera, pero ahora es más visible. En las redes sociales se han hecho reuniones y hasta fiestas virtuales en donde cada participante “lleva” un platillo, lo muestra, lo describe y pasa la receta. Se trata pues de nuevas formas de compartir el acto gastronómico.

También ha sido un momento para que en un plano más íntimo los miembros de las familias participen del hecho de cocinar, los hombres o mujeres que no solían ocupar el rol del cocinero de la casa ahora participan más de la actividad. El que nunca iba al supermercado a comprar víveres ahora ha tenido que hacerlo y es otra forma de acercarse a la gastronomía.  Hay familias en donde el hombre o alguno de los hijos mayores son  ahora los que van a las compras y aunque después las mujeres se quejan de que no saben escoger las frutas o la carne, o que trajo cosas que no estaban en la lista pero que se les antojo, o que pensó en algún platillo que comió en tal lugar con la idea de recrearlo, hacen que sea una nueva forma de pensar en el qué y cómo se come.

“Pastel de refrigerador”. Foto: Juan Carlos Núñez

Los niños también han participado de igual manera de la cocina, ayudan a cocinar algún pastel o postre, a poner o recoger la mesa y la cocina, cosa que antes no hacían con tanta regularidad. Son nuevas formas de convivencia familiar que se han formado alrededor de la cocina y que han dado nuevas formas de relaciones sociales también.

Las familias han vuelto a comer juntas, en la mesa como antes. Habrá quienes sigan comiendo frente al televisor, pero también se ha visto la oportunidad que algunos han sabido aprovechar, sin caer en romanticismos falsos, para volver a hablar a la hora de la comida. Habrá sin duda momentos tensos y de discusión, pero lo interesante aquí es que incluso esos momentos, son oportunidades de diálogo que en algunos casos poco existían. Hablo aquí de lo aceptable, los casos de violencia que también existen y cuyo detonador puede ser la cocina, es otro tema.

No han faltado los actos de solidaridad llevando despensas a los que se han quedado sin trabajo o que son población vulnerable, los que se han ofrecido a ir a las compras para que los adultos mayores o quienes no pueden salir, los que han mandado a los hospitales o consultorios médicos comida, café y donas como reconocimiento y agradecimiento al trabajo que realizan. Otra vez se trata de nuevas narrativas sociales que se van dando y recuperando.

Don Cayetano empacó sus ricos guisados.

Los dueños de negocios de comida han tenido que inventar nuevas formas de ofrecer sus servicios. Muchos por desgracia han tenido que cerrar, pero los que siguen en pie utilizan ahora diferentes formas de operar. La norma ahora es la comida para llevar y que se entrega en la banqueta con todos los cuidados de distanciamiento social requerido. El taquero ahora vende sus guisos por kilo o entrega en el carro, el restaurantero se asoció con distribuidores de una forma diferente, también con empresas grandes y pequeñas de servicio a domicilio, recortaron o cambiaron el menú, hicieron propaganda diferente, abrieron sus páginas en redes sociales que habían post puesto. La reapertura de estos negocios será sin duda todo un reto y habrá que ser muy creativos para que el acto de salir a comer siga siendo parte de la vida cotidiana, de la cultura, pero con la nueva forma de convivencia que implica pensar y cuidar al otro.

La pandemia actual nos obliga pues a pensar y vivir de manera diferente, a pensar y vivir diferente nuestra relación con la comida en lo individual y en lo colectivo, a reflexionar sobre lo que somos alrededor de la cocina, de la comida, de la gastronomía y todas sus implicaciones culturales de convivencia y de solidaridad. En el tema gastronómico tampoco volveremos a la normalidad.

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