Primer plato

Analco, una comida comunitaria alrededor del maíz

En el Mercado de los Elotes la comida y música son pretexto para el encuentro. Un video recoge los testimonios de su gente

Juan Carlos Núñez Bustillos

Comida comunitaria en Analco. Foto: JCN

El mantel de plástico color naranja hace juego con el llamativo chaleco que lleva el “viene viene”. A su lado está sentado un señor que lleva sombrero campesino. Beben tejuino y aguas frescas en cantaritos de barro. Comen pozole, tamales y elotes asados. Comparten una de las mesas que se dispusieron al lado del mercado de Analco con otros cuatro hombres. Uno de ellos es don Lupe que está feliz. “La mayoría somos gente del barrio, de los antiguos de Analco y aquí nos encontramos”.

Con la comida pública que se compartió el viernes pasado en uno de los barrios más tradicionales de Guadalajara se inauguró el circuito artístico Espacios Revelados. En esa iniciativa que reúne a decenas de artistas locales, nacionales e internacionales participan Iñaki Álvarez y Ariadna Rodríguez, de la compañía Nyamnyam. Vinieron de Barcelona, España para desarrollar el proyecto ayer-hoy-mañana en Analco y colaboraron en el diseño de esta celebración culinaria.

Agua fresca en cantaritos. Foto: JCNSu proyecto consiste en generar “un dispositivo de encuentro, una cocina abierta que permite reflexionar sobre el pasado, presente y futuro del lugar en el Mercado de los Elotes y una instalación audiovisual en el Patio de los Ángeles para compartir saberes, abrir la conversación en el barrio de Analco, preparar y degustar comidas para entrar en colectivo a sus múltiples realidades, recetas, preparados, historias y proyecciones de futuro en una suerte de cartografía gastronómica”.

La comida colectiva es una fiesta. Hambreados después de la jornada escolar, un grupo de niños acompañados de sus madres clava los dientes en los elotes asados recién salidos del brasero. Laura es mamá de una de las niñas. “Mucha gente tiene miedo de venir a Analco y esta es una oportunidad para que conozcan el barrio y vean que no solo hay problemas, que eso no es lo único, que también hay otras cosas”.

El tejuinero no se da abasto. La fila para disfrutar de la refrescante bebida es enorme en esta tarde de calor. El letrero que lleva en su carrito no deja lugar a dudas de su origen: “Jardín Analco”. En un ratito vació la primera olla. Al final fueron 200 vasos los que sirvió de la bebida de origen prehispánico.

Los elotes de Paco. Foto: JCNLa música guapachosa sale de discos de vinil que pone un joven en la esquina de la cuadra. A un lado Paco suda. Es uno de los vendedores de elotes del mercado. Tiene 18 en el brasero. “Está jijo, entre el sol y las brasas yo también me estoy asando”, bromea. El enorme canasto de elotes queda vacío en un rato, pero si algo sobra en ese mercado son las mazorcas. En un momento llega otro chiquihuite repleto.

Un vendedor de flores carga en su cabeza 10 kilos de rosas que ofrece a los comensales. No necesita las manos para sostenerlas. A sus pies, sentado en los escalones del mercado, un señor de barba blanca sostiene el plato de pozole con una mano y su cantarito de agua en otro. Una joven de falda blanca, blusa bordada y enormes aretes, zapatea al ritmo del arpa y del violín del mariachi tradicional Los Pitayeros.

Hay dos estaciones que sirven pozole. Una señora mayor que va con su hijo se forma en la fila más corta, pero pronto se entera que esa es la cola para el pozole vegetariano. “Ah no, vámonos al de carne”, le dice a su hijo y lo jala de la mano, “es cuaresma, pero los viejitos estamos disculpados”.

Don Lupe y Alejandro. Foto: JCN

Don Lupe brinda con su cantarito de agua fresca. “Esta buenísimo todo y lo mejor, mire, esa gente a veces no tiene ni para un taco y mírelos que felices están, este barrio está muy olvidado”.

Además de la gente del barrio de Analco asisten a la comida promotores culturales y artistas. Muchos de ellos participan en el circuito artístico Espacios Revelados que reúne a creadores, así como a académicos, organizaciones civiles y vecinos de tres zonas: el núcleo Agua Azul, el barrio de Analco y el centro de Guadalajara.

“Durante seis meses estos agentes colaboraron para revelar otras miradas sobre los espacios abandonados y el patrimonio olvidado de la ciudad en una revisión crítica y dese distintas perspectivas, reimaginando las condiciones y maneras en que habitamos”, dice el programa que contempla actividades hasta el próximo 15 de marzo y que se puede consultar en: www.espaciosrevelados.mx

Como parte del proyecto de Nyamnyam esta semana continúa la música y la comida en el Mercado de los Elotes. El jueves se presentará el ensamble típico de Guadalajara y el viernes, el mariachi tradicional Los Pitayeros. Estas dos actividades se celebrarán de 14:00 a 16:00. El sábado, la música estará a cargo del Dj Benjamín Palmer y el domingo cierra una banda norteña. Estas dos últimas serán de 12:00 a 14:00. La botana será preparada por la fonda Rosita, una de las más tradicionales del mercado.

Pozole y agua fresca. Foto: JCN

Ariadna e Iñaki diseñaron también un juego de cartas que tiene como eje central el Mercado de los Elotes y su comida.

Frente al mercado, al cruzar la calle, está el Patio de los Ángeles, ahí está la otra parte del proyecto de Iñaki y Ariadna. Un par de mesas con información sobre la gastronomía regional y un video que elaboraron después de dos semanas de convivir con las personas del Mercado de los Elotes. En él, gente de Analco narra sus recuerdos, sus experiencias y sus expectativas.

Las anécdotas, las añoranzas y las imágenes del video muestran un barrio y un mercado llenos de vida y esperanza. Lo cotidiano puesto en la pantalla revela no sólo su color sino también su valor.

En la calle la comida termina. Braseros, ollas y vitroleras están vacías. El maíz, invitado de honor, renovó energías y alegró espíritus. Las mesas, con sus manteles floreados, convocaron al encuentro y la conversación.

 

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