Primer plato

De los malos agüeros en la cocina

Los mexicas creían que si la mujer comía un tamal que se hubiera pegado en la olla, cuando ella  pariera se le pegaría el niño dentro

Eduardo Mendieta / Querétaro

Esta semana tardé un poco más en hacer mi aportación a Jaliscocina, todo debido a un par de acontecimientos en mi vida personal que me asustaron un poco. Para ponerlos en contexto, es necesario compartirles un poquito más acerca de mi vida; recién acabo de mudarme a un nuevo departamento, pues comienzo mi vida en pareja. Todo es amor y felicidad, por supuesto, pero mi yo supersticioso comenzó a salir con el paso de los días. ¿Alguna vez han escuchado leyendas o anécdotas de las buenas o malas vibras que residen en las casas? Pues yo creo que por ahí va el asunto.

Para no hacerles el cuento más largo, “la gota que derramó el vaso” fue encontrar un grillo negro en la recámara, justo al lado de mi pareja. Lo peor, cuando vi de frente a este insecto, comenzó a cantar. De inmediato pensé que este grillito tenía un mensaje para nosotros; incluso pensé en una posible búsqueda de venganza de este grillo, porque en mi aportación anterior yo relataba la forma de cocinar a sus familiares en forma de hot cake.

Fuente: Wikipedia Español

Preferí calmarme, me pregunté ¿qué significa que aparezca un grillo en la recámara que comparto con mi pareja?

Recordé mis días de recién egresado de licenciatura. Durante la elaboración de mi tesis, tuve que leer la “Historia general de las cosas de la Nueva España”, escrita por el Fray Bernardino de Sahagún. Me encantó este libro, más el capítulo donde habla de los agüeros y pronósticos que se les atribuían a algunos animales, insectos y sabandijas para adivinar cosas futuras. Suponía que iba a encontrar un posible significado de la presencia del grillo en mi casa. Pero no, habla de chapulines, mariposas, gusanos medidores, chinches apestosas, etcétera.

Mientras buscaba respuestas en este libro, encontré un capítulo “de las abusiones que usaban estos naturales”, o sea, mencionaban algunas acciones que, si las realizaban los nativos de esta región, tendrían consecuencias debido a ser de naturaleza casi kármica.

Maíz. Foto: Juan Carlos Núñez

La relación de estas abusiones y la cocina es muy llamativa; un ejemplo de ello es hablar de los maíces, “decían también los supersticiosos antiguos, y algunos aún ahora lo usan, que el maíz antes que lo echen en la olla para cocerse, han de resollar sobre él como dándole ánimo para que no tema la cochura”. Esto me recordó a una clase de Cocina Prehispánica, donde el chef Abel Hernández nos estaba enseñando a cocinar tamales. Él nos hablaba con mucho respeto acerca de estas delicias, mencionaba que tenemos que hacer los tamales de muy buena gana, con muy buen humor. Que no debía haber espacio en la cocina para alguien de malas mientras cocinamos tamales, de lo contrario, éstos no nos quedarían nada ricos.

Y de hecho, si siguen la lectura de este libro, se darán cuenta que hay otra abusión mencionada: “del tamal mal cocido: cuando se cuecen los tamales en la olla, si algunos se pegan a la olla como la carne cuando se cuece y se pega a la olla, se decían que el que comía aquel tamal pegado, si era hombre, nunca bien tiraría en la guerra las flechas, y su mujer no pariría bien; y si era mujer, que nunca bien pariría, que se le pegaría el niño dentro”. Tras leer este párrafo, quedé sorprendido. Cuántos recuerdos traídos a mi mente, cuánta nostalgia y, sobre todo, dar cuenta de la manera en que vamos transmitiendo mitos, leyendas, creencias y malos agüeros de generación en generación.

Foto: Rubén Alonso.

Las tortillas también son mencionadas, pues “decían que cuando se doblaba la tortilla, echándola en el comal para cocerse, era señal que alguno venía aquella casa, o que el marido de aquella mujer que cocía el pan, venía ya…”. Sí, sorprendente que, de acuerdo a sus creencias, las tortillas nos avisaran cuando estuviéremos a punto de recibir visitas.

Tras este descubrimiento, pensé en ustedes, lectores de esta revista digital. Me encantaría repasar esta entrada, de vez en cuando, para leer algún comentario que gusten dejar, donde hablen acerca de estos malos agüeros, mitos y leyendas que tengan que ver con sus cocinas, sus recetas. ¿Quiénes les mencionaron esto? Estoy casi seguro que sus abuelitas, sus mamás, rara vez los papás; y casi estoy seguro también que, quienes de ustedes ya sean padres de familias, ya han de estar comentándole todo esto a sus retoños.

Por esto y mucho más, amo la gastronomía.

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4 Comentarios

  • Responder
    Daniel González Estrada
    3 junio, 2020 en 11:00 pm

    Interesante relato, Eduardo, además de muy bien escrito e hilado. Me recuerda a una de esas historias, de la que honestamente no recuerdo su origen, pero está en mi imaginario desde hace muchísimo tiempo, y en el de muchas de mis amigas y algunos amigos, a la vez. Similar a la que cuentas sobre el anuncio de visitas por parte de las tortillas en el comal, esta historia dice que sí la tortilla que se echa al comal se infla, la persona que la echó o bien está embarazada (enmarcando que quienes echan tortillas siempre han sido en su mayoría mujeres) o está pronta a casarse. Incluso, hemos usado esa historia como chiste entre mis amigas y yo al momento de cocinar y calentar tortillas.

    Te agradezco por tu relato, y esperemos que el grillo sólo sea metiche y esté llorando las penas de sus parientes convertidos en “hot cakes”, jeje.

    ¡Saludos!

    • Responder
      Eduardo M
      12 junio, 2020 en 11:53 am

      Gracias por tu comentario, Daniel
      Me parece muy cómica la manera en que adecuaron este mito tus amigas y tú. Espero no utilicen sólo este método como prueba de embarazo.
      Saludos

  • Responder
    Susana Nieto
    5 junio, 2020 en 2:51 pm

    En algún momento de una tormentosa relación de la cual no quiero acordarme mucho ajajjaj, me encontraba calentando tortillas en casa del susodicho, y todas las tortillas se inflaron, por que obvio se calentar tortillas ajajaja y me dijeron “ay! Eso significa que tu suegra te quiere mucho” y yo wtf

    • Responder
      Eduardo M
      12 junio, 2020 en 11:55 am

      Susana, gracias por tu aportación
      Sé que independientemente del lugar donde te encuentres, tú sí que sabes cuidar las tortillas. Enhorabuena. Saludos.

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